Cuba, la isla cromática

20_04_2017 HOY_JUEVES_200417_ ¡Vivir!3 C

La especial idiosincrasia de sus gentes es lo que más llama la atención del visitante cuando llega a Cuba, isla especial y única, donde el color y la música conviven con reminiscencias de un curioso pasado que se transforma en atracción turística.
La Habana, capital de esta bulliciosa y caótica isla, plantea unas vacaciones en las que parte del atractivo consiste en romper con el presente para viajar en el tiempo y descubrirse entre coches de época, aires de revolución y una estética decadente, pero encantadora.
Según explica un guía de la isla, Cuba, salpicada de edificios en ruinas, debe ser concebida de un modo artístico y no crítico. Y al hacerlo así, se puede disfrutar de un “baile” en el que se funden los colores vivos, un hermoso patrimonio, una idiosincrasia única y unas calles llenas de vida, donde no importa si esto o aquello está en mal estado, sino lo que esto o aquello fue capaz de albergar.
La belleza decadente de la Habana Vieja. La Habana, muy cerca de Bahamas, Florida, Cancún y Jamaica es, sin lugar a dudas, el centro neurálgico del país, punto de encuentro de turistas y locales, y alma cultural, gracias a lugares como la Plaza de la Revolución, escenario de algunos de los principales acontecimientos de la Revolución cubana. Y, más recientemente, del acto multitudinario en el que se dio el último adiós al líder cubano Fidel Castro.
Cerca de la plaza, a la que se puede llegar en alguno de los descapotables de los años 50 que convierten la isla en el mayor museo automovilístico del mundo, se encuentran el Memorial a José Martí que, con una altura de más de 112 metros de altura, es el punto más alto de la ciudad.
Otros puntos de interés son el Ministerio del Interior, famoso por el enorme mural del Che Guevara que muestra en su fachada, o el Ministerio de Informática y Comunicaciones, que exhibe en su exterior la imagen del guerrillero Camilo Cienfuegos.
Más de ochenta hoteles se reparten por la ciudad para albergar a quienes llegan dispuestos a descubrir sus rincones.
A través del famoso malecón habanero, punto fotográfico imprescindible para todo visitante de La Habana, se llega hasta el Castillo de los Tres Reyes del Morro, una fortaleza-museo construida en 1589, que fue testigo de las batallas que enfrentaron a cubanos e ingleses. Con un faro de 45 metros de altura, regala una impresionante panorámica del litoral habanero.
Luego se puede continuar hasta llegar a la Habana Vieja, máximo exponente de la arquitectura colonial del Caribe insular y zona declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982. Emerge de sus ruinas con alma propia, color y música, y deja en quien la contempla una impronta que sólo se comprende después de haberla ‘vivido’. Si toda la isla garantiza un viaje en el tiempo, en la Habana Vieja esa expresión cobra su máximo sentido.
Entre sus calles se pueden encontrar hermosas plazas donde artistas callejeros y vendedores ambulantes se dan cita para amenizar el paso de los turistas.
Destaca la Plaza de la Catedral, con la Catedral de San Cristóbal, dominada por dos torres desiguales y una fachada barroca diseñada por el arquitecto italiano Francesco Borromini.
Y muy cerca de aquí se aglutinan dos locales que les sonarán por haber estado en el punto de mira del escritor estadounidense Ernest Hemingway: La Bodeguita del Medio y el Floridita, los cuales constituyen una parada obligada para aquellos que quieran saborear los famosos mojitos y daiquiris al son de la rumba cubana.
El Capitolio, la estatua del Cristo de La Habana, el Museo de la Revolución, el Bosque de La Habana, la Plaza Vieja, la Plaza de Armas, y la Plaza de San Francisco son otros de los imprescindibles de la ciudad.


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