Cuentas invisibles

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

La verdadera contabilidad nacional no consigna ni tiene una cuantificación decente de cuánto dinero se desvía, se desperdicia, se malgasta.
Me refiero a cuatro inversiones importantes en las cuales el país pierde dinero sin cuenta.
Primero: la “confusión” de funcionarios quienes llegados a posiciones de poder sufren del daltonismo moral que genera la corrupción y pierden la noción de lo que es propiedad del erario y lo que son sus teneres adquiridos antes del gobierno, si es que tenían algún patrimonio.
Otra de la vías de escape de dineros públicos es la que se produce cuando el país ocupa centenares, miles de hombres de uniforme y vestidos de civil, en el intento de descubrir y decomisar la droga que pasa por el país hacia el “maravilloso” destino de los Estados Unidos, donde la persecución del narcotráfico y el consumo de todo tipo de drogas, es visto bajo el prisma que beneficia a los jóvenes “angelitos” norteamericanos que abrumados por los problemas del diario vivir se convierten en drogadictos y narcotraficantes.
Tercero: ¡cuidar la frontera sur de los Estados Unidos para que los haitianos no viajen en busca del “sueño” americano, aunque de este lado de la frontera encuentren la pesadilla dominicana, que, pese a todo, es mejor que el infierno haitiano.
A nosotros ¿qué nos toca? Invertir decenas de millones de pesos en entrenar, armar, avituallar, mantener, miles de soldados y policías, muchos de los cuales mal pagados actúan como al muerto de hambre a quien pusieron a cuidar la comida.
Cuarta: el organizado desorden del tránsito y el transporte permite que mucha gente obtenga pingües beneficios fruto del caos. Provocan el caos, juegan al caos y se salen con las suyas.
El primer primero, como decía Jorge El Men Puello Soriano, está en la despreocupación de los gobiernos a los cuales les interesa aumentar las recaudaciones fiscales sin que importe que los tributos sean o no justos, porque lo importante es el manejo y destino de los recursos y la parte que se dará al boa para acallar la corrupción.
No importa que los vehículos desvencijados y antiguos consuman más combustibles para su operación, no importa que esos vehículos contaminen hasta hacer imposible la respiración en algunas zonas de la ciudad.
No importa que el desorden provoque tapones en los cuales hay un consumo súper millonario todos los años.
No importa que el país se llene, año tras año, de una mayor cantidad de vehículos chatarra, puesto que se les obliga a pagar aranceles y esos impuestos engrosan los fondos del erario.
Lo que importa no es organizar el país ni administrarlo honradamente, lo que importa es que haya recursos para engrosar la corrupción, aunque sea preciso seguir endeudando el país.