Cuidemos nuestro principal pasatiempo nacional

Entre los especialistas se reconoce que el sentido de la identidad nacional de cualquier deporte es cuestión de historia y tradición. Por ello no es casual que el béisbol en nuestro país se haya mantenido por décadas como la manifestación de mayor arraigo enlazado con las emociones y el imaginario popular.
Sin embargo, hay que reconocer que los tiempos han cambiado y que los días de la denominada “pelota romántica”, que era casi la única fuente de entretenimiento de la población dominicana a través de transmisiones radiales, ha dado paso a una etapa de modernidad por influencia del béisbol organizado de los Estados Unidos y gracias a la presencia del deporte en los medios de comunicación más sofisticados, liderados por la televisión, lo que ha dado lugar a la terminología : “El deporte como consumo de masas”.
La mayoría de los analistas del recién pasado torneo de béisbol profesional invernal 2017-18 están contestes que ha sido uno de los más competitivos, de mayor asistencia y beneficios económicos tanto en sus tramos regular, semifinal y final. La refriega fue tan equilibrada desde el inicio que se hacía muy difícil predecir “dónde estaría el dinero” entre los seis contendores. A la ronda semifinal (round robin) clasificaron los conjuntos Gigantes del Cibao, Leones del Escogido, Águilas Cibaeñas y Tigres del Licey, quedando fuera las Estrellas Orientales y los Toros del Este.
Tigres y Águilas, los más enconados y exitosos rivales, tras una lucha tenaz en el “todos contra todos” obtuvieron el derecho a disputar el título por segundo torneo consecutivo. Igual que en la justa anterior, ganada por la tropa azul en desafío de titanes, fue necesario otra vez recorrer todo el trayecto, saliendo airosa la enseña amarilla para consumar el desquite en una confrontación agonal.
Si bien en cuanto a la calidad ofensiva y defensiva fue una serie digna de los mejores elogios, por otro lado las pasiones desbordadas, el sarcasmo y el fanatismo irracional, sobrepasaron los límites, originando serias preocupaciones y demandando las medidas pertinentes por parte de la LIDOM y los ejecutivos de los equipos para que no se repita una situación que amenazó con desatar brotes de violencia que podrían dañar el positivo repunte que ha tenido el popular espectáculo de las bolas y strikes.
Luego del partido final algunos jugadores y un ex jugador inmortal del deporte dominicano utilizaron términos soeces e inaceptables que no se corresponden con su estatus profesional. Se requiere una mejor orientación para una parte de los fanáticos que deben entender el deporte como una fuente de salud, entretenimiento, diversión, no como un factor de agresión física y verbal. El deporte, incluyendo la vertiente competitiva, constituye una manifestación formidable para hacer amigos y relacionarse con los demás.
Hay que adoptar mejores controles pues lo ocurrido en el Estadio Quisqueya Juan Marichal una vez se produjo el último out que decretaba ganador del campeonato al equipo visitante, pudo degenerar en un hecho grave por la algarabía de parte de los seguidores de las Águilas que se lanzaron en masa al terreno de juego, mientras muchos de los seguidores de la grey azul mostraban su descontento, produciéndose algunos roces mayormente verbales que por momentos pareció que podrían derivar en vías de hechos lamentables, a lo que se agregó un mal manejo policial al rociar gas pimienta que afectó a varios de los participantes, los cuales tuvieron que ser asistidos en medio del desorden.
En ninguna parte donde el béisbol es un deporte predominante como en Norteamérica, la cuenca del Caribe y algunos países asiáticos, es reconocido por tener un historial de violencia, distinto a otros deportes como el fútbol, el más universal, lamentablemente reconocido al extremo de sumar un significativo número de tragedias bajo el impulso de sus virulentos hinchas. Preservemos nuestro béisbol, una válvula de escape para nuestra salud mental y entretenimiento sano.