Cultura urbanomarginal Qué lo que tú dice

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Detractada y defendida, es innegable que marca un antes y un después en la idiosincrasia dominicana y que ofrece un amplio material de análisis para antropólogos, sociólogos, musicólogos, periodistas, escritores y cualquier otro estudioso interesado en plasmar la huella que impone este movimiento.
La controversia que desatan sus exponentes, deliberada o no, incrementa su atractivo. Constituye para unos una revolución social, de ideas, de planteamientos innovadores y para otros todo lo contrario, contribuye con la involución de una sociedad que va en picada.
Ocurre que cada generación trae sus propias tendencias, baila o intenta bailar a su propio ritmo y siempre habrá quien le quiera retirar de la pista y quien le apoye o hasta le acompañe a danzar.
En el panel Qué lo que tú dice, celebrado el 5 de octubre en la Fundación Global, Democracia y Desarrollo, Marivell Contreras, Eloy Alberto Tejera, Itania María y Amable Mejía abordaron desde diferentes ópticas los aspectos fundamentales de esa cultura que la gente de las zonas más deprimidas identifica como tan suya y que ha traspasado las fronteras de los barrios y ghetos, no solo para que la aprecien personas de otros estratos sociales, sino para que la asuman como lo han hecho. Quizás por eso ahora es nombrada lo urbano y ya, sin apellido.
La primera en disertar, la periodista e investigadora Marivell Contreras, enfoca su ponencia en la música, salida de las entrañas mismas de los sectores populares. Fue una confirmación de que ese otro mundo ya no es tan ancho ni tan ajeno, de que guste o no a determinado público, ese fenómeno adquiere la fuerza dada por los que lo generan y por los que lo consumen y ambos lados hacen defensa férrea.
La suya fue una exposición muy a ojos abiertos. Está consciente de que ese movimiento puede pasar, como ha ocurrido con otros. Que el hip hop, el rap, el dembow y el regueton, hermanos del jazz, el blues y el soul, y por los que deliran tantos muchachos y otros no tan imberbes, no escapa al calificativo de moda transformable o incluso desaparecible.
Dembow y regueton son los que más furor causan. Es su momento. El tiempo de una lirica cruda que arremete con fuerza sobre una ciudad o que está muy dormida para entenderla o que la aferra para mantenerse espabilada.
¿La letra? Sí, justo es lo que más encandila a los seguidores y censuradores. Contreras está muy clara ahí. Sabe que no dejan de tener razón los que abogan por estrofas más limpias y que el origen repleto de precariedades económicas y tal vez cubierto de violencia de muchos exponentes, no es excusa para mantener la carga de agresividad de todo tipo que exhiben algunos.
Sueña con que esos contagiosos ritmos que recorren el cuerpo de raíz a punta ofrezcan más, porque conoce los talentos que llenan el mercado y sabe que puede apostar por cambios reales y prontos.
Eloy Alberto Tejera es un poeta y periodista que no disfraza demasiado, que no juega mucho con las palabras cuando el asunto es ir directo al centro. Lo demostró en esa discusión organizada por el grupo Circonferencias y moderada por Sorilenny Custodio.
Más que criticar que ese arte no sea contestatario, lamenta que la clase política tenga una participación tan activa en la castración de las ideas, al fomentar con sus acciones desacertadas la pobreza cultural y educativa y el hacinamiento que permea a los barrios pobres. A esto atribuye la debilidad de algunas de esas manifestaciones, a un desarrollo humano que nació y que permanece esterilizado.
Por esto alerta que es inútil rasgarse las vestiduras porque estos muchachos nos arrojen a la cara unas canciones donde lo procaz, la misoginia, lo burdo, predominen por encima de la metáfora, de una letra mejor trabajada, en lugar de otras en las que el ego desmesurado tenga menos protagonismo.
Pero la razón fundamental del surgimiento de este arte lo radica en el cambio de la ciudad, que arrastra los gustos y costumbres, que crea en los países en vías de desarrollo zonas de hacina, de exclusiones y de excluidos, y por qué no, de grandes privilegiados.
“Estos grupos marginales, a la vez que buscan normas o sistemas para sobrevivir, también buscan y encuentran sus formas de expresarse en esos espacios donde los seres humanos viven y conviven a diario, donde el conflicto nace y es perpetuado y no de manera simbólica”.
A esa afirmación, segura, contundente, prosigue un recordatorio, que el lenguaje está relacionado o influenciado de manera fundamental por la época y sobre todo por la forma de vivir o sobrevivir, y esto, claro está, no excluye a los artistas urbanos.
Si una cosa incomoda a la periodista y sicóloga Itania María es la misoginia de la que habla Tejera. Necesita que las letras dignifiquen a la mujer, que dejen de destruirla, de ofenderla y cree que cuando eso ocurra muchas situaciones podrán cambiar en la sociedad matizada por la violencia callejera e intrafamiliar.
“Por qué hay que decir cosas como colócame el culo pa’ tra a mí no me gusta que me digan eso. Por qué denigrar”, sustenta. Pero de la misma manera en la que ataca esos “versos” reconoce que, que hay cosas salvables y que esa debe ser la línea, el punto de partida para el cambio.
La disertación final, la de Amable Mejía, empezó con una verdad tan a simple vista y tan corroborada por los asistentes. La música en general y su literatura, sus ritmos, han influenciado siempre a la sociedad porque son sus hijos legítimos. Ni la pintura ni la escritura… nada puede acercársele.
Raudo aterrizó sobre la cultura urbana. De la música desprenden el vestuario, los gestos, el lenguaje, incluido el gráfico, bajo el nombre de grafiti, la lengua y hasta la forma de caminar, que envuelven a esa corriente y como afirmación o denuncia, o tal vez todo, manifestó que a la mayoría de los ejecutantes y virtuosos de estas maneras de expresarse los mueve el éxito, y por ende, los beneficios materiales.
Claro que admitió que están en su derecho pero advirtió igual que en la búsqueda de ese paquete viene también lo que importan y que definirá sus aportes, cuando el dinero no llega y si llega, sale por la tangente, que es la calidad.
La resistencia. Ese rechazo inconsciente a lo nuevo, vuelto consciente por la aceptación del medio, es para Mejía una ley general ante todo lo que llega a transformar una forma de sentir, hablar, desenvolver.
Continúa y su voz llena el aula. Si los cambios, que siempre tocan a esta sociedad por “influencias”, estuvieron apoyados en la forma tradicional del conocimiento, como la imprenta y el libro (transculturación) ahora están afianzados en el desarrollo de la tecnología cada día más avasallante (globalización) o lo que es lo mismo, ahora hay más medios para que esta cultura penetre.
Pero de repente podría ser que haya un giro total y termine aceptada por todos como buena y quizás no muy tarde, puesto que hasta las iglesias la han asumido en sus alabanzas.
Del grafiti planteó otra historia. Mostró sus dudas de que fuera en realidad un arte, porque quizás hasta los dibujos de las cavernas puedan entenderse como tal. “Buscaban transgredir una realidad y eso también hace el grafiti actual. Violentar un espacio, público o privado. Paradoja de un sector de una sociedad para manifestar su inconformidad del tiempo vivido”.
En su teoría, solo el hecho de transgredir o intentar al hacerlo en los espacios privados y públicos era (es) una forma de decir que no estamos de acuerdo con la vida que vivimos y nos hacen vivir. Es una especie de subvertir el orden-pensar para hacerse sentir en el hacer, es decir, en el acto. “La primera violencia del grafiti es la brevedad de lo planteado en la oscuridad del día”.
Claro que esos planteamientos tuvieron reacciones. Para Renato Encarnación (El gato), artista plástico y del grafiti, es absurdo culpar a la tendencia que representa de la decadencia de la sociedad y contraatacó con un argumento urticante: que la Biblia está llena de violencia y la sociedad lo estaba antes de la aparición de este movimiento.
Defendió su arte y defendió la cultura urbana completa, porque está seguro de que las críticas vertidas han sido injustas y por eso pidió la segunda parte del panel.
Igual el rapero Yoel El número de oro, quien con una breve pero categórica frase cerró el debate : “No todo es malo”.