“Cyrano” excelente texto y una actuación memorable

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Un tango arrabalero nos introduce en la escena, pero más allá de la melodía, se convierte en símbolo de identidad de este sustancial “Cyrano”, recreado por la actriz argentina Lorena Oliva, basado en el drama de capa y espada del escritor francés Edmond Rostand, quien se inspira en Cyrano de Bergerac, personaje real que pasa a la historia más que como escritor y filósofo, por su descomunal nariz.
La dramaturgia inteligente, convierte este “Cyrano” en un monólogo cautivante, donde Lorena Oliva, utilizando el recurso de las máscaras, que nos remiten a la “Comedia del Arte”, se reinventa una y otra vez asumiendo varios personajes, y como la narradora, hilo conductor, permanece vinculada a la escena, se convierte en un personaje más –sin máscara– que nos cuenta esta historia sencilla, pletórica de romanticismo.
Cyrano es un soldado, gran espadachín, pero también es poeta, enamorado irremediablemente de su prima Roxana, esconde su pasión, condicionado por su desproporcionada nariz, que lo lleva en una frase hilarante a decir: “Esta nariz llega a un lugar un cuarto de hora antes que yo”, entonces la hilaridad se convierte en drama, su amor reprimido solo se expresa a través de cartas a Roxana.
Con acusada y efectista parsimonia, la actriz cambia de máscara, cambia la voz y se convierte en Roxana, conocemos la liviandad e ingenuidad de este personaje, que para desgracia de Cyrano, está enamorada de Cristian, un joven soldado sin cultura, no exento de un particular humor.
El histrionismo de Lorena Oliva sorprende, es una suma de recursos actorales que se decanta en el gesto, la mímica, en el movimiento pélvico, y en complicidad con el espectador rompe la cuarta pared. El énfasis en el acento porteño con sus giros lingüísticos propios del lunfardo, está presente, pero cambia el acento y convierte a Cristian en un “you”, un dominicano ignorante, ¿Ironía?
El espacio escénico minimalista, con sólo elementos esenciales, y el ritmo sostenido, pautado, propicia la fluidez de las escenas; existe una relación dialéctica entre la realidad representada y la forma dramatúrgica utilizada, una magia oculta que el director Manuel Chapuseaux convierte en poesía estética, capaz de lograr la belleza del todo, la excelencia teatral.
El amor no consumado entre Roxana y Cristian llevan a la joven a un retiro, pero Cyrano no la abandona, y ella descubre que las cartas de Cristian eran escritas por Cyrano, pero ya es tarde, y en una emotiva escena, la narradora, deja volar el alma de Cyrano… hacia la eternidad.
El público ensimismado, en un acto reflejo se pone de pie y aplaude complacido, con la convicción de haber sido testigo de un hecho teatral bien hecho.
“Cyrano de Bergerac, petit format” es una de las obras presentadas en esta nueva versión de “Teatro de Bolsillo”, creado por el Teatro Guloya.


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