Dándole frente a un problema

Tiene sentido unificar criterios entre Gobierno y transportistas para superar el desorden y la ineficiencia del transporte público, el que con su actual característica es de todos modos una fuente de ingresos para mucha gente. La negociación iniciada el pasado viernes entre las partes se compadece con la realidad. Se trata de un primer paso logrado por la positiva actitud concertadora del presidente Danilo Medina y el perfil de funcionaria decidida a buscar soluciones bien pensadas de la directora del Intrant, Claudia Franchesca de los Santos. Hacer confluir los intereses de la sociedad con los de los dispersos y combativos operadores de rutas no debe ser fácil pero debe procurarse.
Sustituir los autos de “concho” y ruinosos minibuses es un paso impostergable para poner énfasis en la colectivización. A pesar de que los intentos anteriores de organizar y dar valor al transporte equivalieron a echar mucho dinero al sumidero, el problema debe ser enfrentado teniendo los fracasos como lección para no repetirlos. Las autoridades tratan de partir de planificaciones que antes no existieron. Un buen sistema de transporte sería de gran beneficio para los ciudadanos que necesitan moverse en forma segura, rápida y económica, factores útiles para abaratar el costo de la vida. El Estado puede recurrir a inversiones importantes para lograrlo empeñándose en que el empleo de los recursos sea pulcro.

A golpe de sentencias

El Tribunal Superior Electoral está impactando, a troche y moche, sobre el funcionamiento de los partidos políticos reaccionando a los recursos que le elevan y actuando en nombre de las reglas vigentes y del respeto a derechos de las tendencias vigentes. Sirva siempre su arbitraje para que funcione la democracia comenzando en niveles internos en los que ha sido maltratada.
Su ejercicio ha llegado con la fuerza de una horma que tiende a chocar con estilos caudillescos y arraigadas prácticas de irrespeto entre rivales en perjuicio de mayorías. Falta mucho por hacer. El TSE dispone de la fuerza legal que le permitiría obligar a dominantes ejes partidarios de larga vigencia a dar oportunidad a sus bases a expresarse libremente. Algunas hegemonías podrían ser barridas. Dirigencias congeladas en el tiempo. Provechoso continuismo.


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