Dañina deuda con la juventud

La franja demográfica más golpeada por el desempleo, que en términos generales disminuye poco, está compuesta por jóvenes que además de no lograr posiciones en la vida productiva, permanecen en alto número excluidos de aulas que completen su formación básica o les permitan adquirir destrezas técnicas. El comportamiento de la economía, con todo y crecer, no deriva en la generación masiva de empleos. Las inversiones no se caracterizan por demandar mucha mano de obra aunque el Gobierno tiene formas de acudir a números escogidos a conveniencia que pintan mejor panorama, unos totales que analistas independientes desbaratarían en cualquier panel de tú a tú con el oficialismo huidizo y unilateral que prefiere hablar cuando nadie puede hacer preguntas con legítimo interés de llegar a la verdad.
Además del escaso efecto desarrollista de gastos sustentados en endeudamientos orientados a evitar que el Estado se paralice por falta de ingresos ordinarios, el mercado pone a los jóvenes en desventaja elevando su desocupación a 29.4% la más alta de América Latina y el Caribe y doble del promedio nacional. El empleador común rechaza la falta de experiencia. La ley no incentiva su contratación y buena parte de los nuevos empleos provienen de un Estado movido por intereses políticos, generoso con su gente para ponerla a cobrar a cambio de poca o ninguna función real.

Engaño para toga y birrete

La inutilidad -por la forma fraudulenta con que muchos estudiantes presentaban monográficos y tesis de grado- convenció a la Rectoría de la Universidad Tecnológica de Santiago de que había que suprimir esa prueba final y ensayar con otras formas de certificar a los egresados. Ha cundido -según la autoridad académica- la venta exprés y al mejor postor de trabajos “científicos” a ser presentados como propios por aspirantes a títulos universitarios. Fraude para lucir una toga. Por ser tan frecuente se explica la drasticidad, indicio de que las prácticas deshonestas trascienden escenarios en esta sociedad. Nunca, ciertamente, han sido exclusivas de las estrechas fronteras de lo estatal, existiendo la posibilidad de tropezarse con actos corruptos en cualquier ámbito inimaginable, como si la capacidad de cometerlos corriera por muchas venas.


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