Daños colaterales del maltrato infantil

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

El tejido social luce dañado y enfermo. La frecuencia con que se reproducen el maltrato infantil: abusos sexuales, daños físicos, psicológicos, emocionales y por negligencia, hablan de una sociedad que no protege a los niños y niñas. En la niñez se desarrolla el cerebro, se construye la zapata de la personalidad, se adquieren las habilidades y destrezas que van a permitir la socialización integral, para llegar ser un humano sano, estable, armonioso, y que no sea capaz de dañar a otras personas. La niñez es el resultado de la familia y de la sociedad de adulto en la que le toque crecer, socializar y educarse. El equilibrio y la sanidad en la personalidad; para ser padre, pareja, ciudadano, persona ética o moral, tiene que ver con la construcción de las emociones sanas, del apego sano, de los vínculos y la seguridad en el sentido de pertenencia. La niñez es el resultado de los factores que inciden en su desarrollo; siendo la familia el primer espacio, el segundo lugar, está la escuela, y en tercero, la sociedad con todos los factores que en ella influyen: tecnología, hábitos, costumbres, normas, convivencias, valores, cultura, lengua, etc.
Cuando los niños viven experiencias traumáticas, abandono, violaciones o abuso sexuales, herida, golpes, prostitución, trabajo infantil forzado, experiencias de riesgo o de indefensión social, es seguro que se van observando cambios en sus conductas, sus emociones, su comportamiento y su forma de relacionarse; pero también, en la percepción con que empiezan a ver la vida, siendo ya adultos, en la universidad, en la comunidad, en el trabajo. Esos daños colaterales se ven como consecuencias en los resultados educativos: bajo aprendizaje, pobre desempeño escolar, repitencia y pobre socialización. En la esfera psicológica se puede observar niños tímidos, con baja autoestima, inseguros, depresivos, tristes, temerosos, ambivalentes y desconfiados. En su vida emocional, niños que manifiestan: ira, rabia, enojo, venganza, violencia, resentimiento, odio, dolor, pobreza emocional para desarrollar empatía, amor o sentimientos sanos. Esos traumas quedan almacenados en su cerebro, específicamente en las amígdalas cerebrales, hipotálamo, sistema límbico, para luego dañar toda la esfera emocional, memoria, discriminar y pensar bien, para actuar bien. Es decir, la parte frontal del cerebro, donde se encuentra la parte ejecutiva, se altera dando como resultados que esos traumas de la niñez tiendan a repetirse cuando se es adulto, llegando a presentar problemas de los impulsos, violencia, mal manejo de la ira, cambios emocionales importantes, en aprender a socializar con familias y pareja. Otros daños colaterales que dejan los maltratos infantiles son: depresión, trastornos de ansiedad, trastornos de estrés postraumáticos, inadaptación social y mal manejo de los estresores psicosociales. En la parte emocional y psicológica el adulto configura un sistema de creencia emocional de que la vida es para sufrir, no existe el amor, ni la reciprocidad, ni el auto-cuidado, ni las personas sanas, etc. Más bien, esos traumas cuando no se curan o no se superan, llevan a las personas a desplazarlos a los demás, originando abusos y traumas a otros niños, adolescentes, pareja y familias. El maltrato daña, produce heridas profundas y permanentes que llevan a la infelicidad oculta. Para entender a la persona víctima de abuso o maltrato en la infancia hay que establecer empatía, acompañamiento sin juzgar y sin revictimizar, debido a que viven en la pena muda, el silencio, el enfado, el enojo crónico y la frustración de no explicarse porque fueron ellos o ellas las víctimas, o porque quienes tenían que cuidarle no lo hicieron. La mejor cura es la prevención, enseñar a los niños a cuidar su cuerpo, o como protegerse de los agresores sexuales.
Educarle en la sexualidad, estimular que puedan hablar con sus padres, maestros, amigos, en fin, que sientan la protección contra el abuso y los maltratos contra ellos. En todos los espacios donde socializan niños y niñas: familia, escuela, iglesias, deportes, música, etc. se debe hablar del rechazo al abuso y maltrato infantil. Pero también, la justicia, la sociedad civil, los organismos de protección a la niñez deben realizar campañas, publicidad, políticas públicas eficientes y eficaces que ayuden a prevenir la epidemia del maltrato. Cuando una sociedad es indiferente, apática, insensible o pierde la capacidad de asombro y no reacciona, de seguro que seguirán los abusos, violaciones, maltratos, prostitución y daños a los niños más vulnerables que, son siempre los más pobres, los excluidos y los que tiene que trabajar en la calle, o deambular para sobrevivir.


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