Dar valor a la Constitución

La Constitución, de la que reiteradamente se habla con reconocimiento como pauta suprema de la nación pero solo en teoría, requiere que en los hechos se logre una plenitud de vigencia en varios órdenes incluyendo la permanencia de sus mandatos para que las normas jurídicas básicas y orgánicas estén preservadas con el rigor de lo inmutable contra las veleidades y pretensiones de acomodamientos circunstanciales. Se da el caso además de que importantes leyes adjetivas perdieron legitimidad a partir de la más reciente puesta en vigencia de la Carta Magna que en su novedoso contenido de orden social obliga constitucionalmente a los poderes nacionales a legislar y ejecutar providencias hacia el bienestar y desarrollo humano. Cada ciudadano que ahora mismo sufra los negativos efectos de estructuras legales y políticas atrasadas que generan bajos salarios, precariedades de la asistencia de salud y otras vulneraciones a derechos fundamentales sobre trabajo, viviendas y educación, está quedando fuera del amparo que para él dicta la Constitución. La ley de leyes ha sufrido con regularidad la acción unilateral desde el poder para modificarla con el fin de propiciar permanencias de ejercicio a través de la reelección consecutiva, objetivo logrado una y otra vez con ilegal y desigual uso de los propios recursos del Estado, generándose un continuismo históricamente negativo para el orden político, un riesgo que aun permanece.

La amenaza de gérmenes

La velocidad a que viajan algunos destructivos microorganismos se hace más evidente con las aperturas de la globalización. Los hay con capacidad de atacar cultivos dominicanos importantes como el cacao, el tomate y los cítricos, ya diezmados en el país por una enfermedad que se ha extendido por el mundo por bajos controles fitosanitarios.
La mosquita blanca llegó a poner en jaque a productores de vegetales y frutas; y antes les ocurrió a ganaderos con la fiebre porcina africana. El notable incremento de las conexiones aéreas y navales puede incluir solapados huéspedes. La relativa protección derivada de la condición de isla se esfuma y cobra importancia la detección de plagas en mercaderías y desechos en puertos y aeropuertos; o su comprobación temprana en los entornos de esas puertas de entrada.