De gallos y clerén

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Los recuerdos de mi niñez se remontan a la década de los cincuenta del pasado siglo XX en plena Era de Trujillo, a quince años de la matanza haitiana del 1937. Uno de mis tíos paternos era soldado del Ejército y estaba de puesto en el destacamento de la zona fronteriza limítrofe llamado Alto de la Paloma, situado a unos cuantos quilómetros de Capotillo, municipio de Loma de Cabrera, Provincia de Dajabón. Me llega a la memoria aquel hombre uniformado montado en una mula, armado con su fusil, cargando varias fundas de tela, dentro de cada una de las cuales se guardaba un gallo de pelea. Al regreso traía árganas llenas de telas finas para trajes y pantalones, perfumes, botellas de ron haitiano marca Barbancourt, así como varios galones de clerén. Ese viaje se hacía mas de una vez a la semana, dependiendo de la facilidad con que pudiese adquirir el ave que servía para el trueque. Periódicamente bajaba con recuas cargadas a Loma de Cabrera a vender yuca, arroz, habichuelas, así como perfumes y telas francesas, amén de Barbancourt.
El clerén era para consumo local en el cuartel y familiar. No olvido que el tío durante el trueque primero miraba el producto, luego lo olía por buen rato, y de ahí pasaba al último escrutinio que era el sabor. Mantenía el licor en la boca, y si el gusto no le convencía, entonces no entregaba los gallos. Nunca vi un caso de intoxicación, aunque sí fui testigo ocular de muchas borracheras.
Concluyendo el año 2017 se han reportado más de 40 personas aparentemente intoxicadas, así como unas 15 víctimas mortales, atribuidas estas a la ingesta del ron haitiano artesanal. Las autoridades sanitarias refieren haber detectado metanol en las muestras de licor examinadas. Desconocemos si el líquido sometido a prueba toxicológica corresponde a residuos presentes en los envases de donde se ingirió la bebida, o si son de frascos llenos e intactos.
El metanol es alcohol producto de la fermentación de azúcares contenidos en la madera. Normalmente el vino preparado y conservado en barricas contiene un pequeño porcentaje del ingrediente tóxico, su concentración fluctúa entre 50 y 325 miligramos por cada litro. El ron comercial tiene entre 13 y 106 miligramos por litro.
Si el metanol está presente en el vino, ¿Por qué no se intoxica la millonada de catadores amantes del sagrado licor? La respuesta es que la predominancia de etanol impide su rápido metabolismo y por ende de ácido fórmico. Este último producto es muy dañino para el nervio óptico y el cerebro, siendo seis veces más tóxico que el ingrediente original.
Parte de la estrategia terapéutica de emergencia consiste en la administración de alcohol etílico destilado para competir y retardar el catabolismo del licor maderero.
El tratamiento ideal de la intoxicación aguda es la hemodiálisis. Probablemente ninguna de las víctimas fatales tuvieron acceso a esta costosa tecnología. Es posible que tampoco contaran con los recursos financieros para comprar los litros de ron destilado en industrias de calidad, necesarios para una terapia de semanas.
¡Quién sabe si las casas licoreras dominicanas como Barceló, Bermúdez y Brugal se animan a donar varias cajas de ron a las emergencias de los hospitales de toda la línea fronteriza, para el tratamiento de pacientes pobres e ignorantes, que suelen recurrir al clerén para alegrar sus entristecidos corazones!