De los planteles, las deudas y el estilo de Navarro

MARIEN ARISTY CAPITÁN

La perfección es su norte. Jamás ha apostado a quedar mal. Poco importa haber estado en el cabildo del Distrito Nacional, la Cancillería o el Ministerio de Educación: Andrés Navarro apuesta a ganar y, como sucede en el resto del Gobierno, a que su imagen salga fortalecida a toda costa.
Sus jugadas son tan espectaculares que cuando surgieron las denuncias de escuelas en mal estado anunció un agresivo programa de reconstrucción, rehabilitación y ampliación de 670 centros educativos a nivel nacional.
Aunque Navarro dijo que los centros se adecuarán por la demanda de aulas por sobrepoblación y migración de estudiantes del sector privado, choca que se intervengan tantos planteles porque los primeros años de la inversión del 4% del PIB a la educación (de 2013 a 2015) se realizó el Programa Nacional de Edificaciones Escolares para construir y reconstruir las aulas que se necesitaban para la jornada extendida.
Por ello, en el 2016 la inversión en infraestructura escolar disminuyó, razón por la que Educación dijo que invertiría más en capacitación. Hoy, inexplicablemente, hay que adecuar 670 centros.
Más chocante es lo del tema del desayuno/almuerzo escolar. El año inicia, Educación no le paga a los suplidores y, el mismo día que denuncian, Navarro dice que pagará… en los próximos días. La excusa del atraso, indicó, es por la nueva asignación del presupuesto: ¡pero hay deudas de agosto del año pasado!
Educación además le debe a 4 mil maestros que trabajan por contrato, algo inexplicable cuando la cartera recibe la mayor partida del presupuesto nacional. ¿Qué hace, entonces, con el 4%?