“De Nicolás Maquiavelo a Danilo Medina”

Todos aquellos que ven el ejercicio de la política como un mero espacio para la mayéutica o desde el estoicismo filosófico, y no desde la perspectiva de la anatomía del poder de Kenneth Galbraith o desde la Realpolitik de Von Bismarck; desde siempre le han adjudicado a la política valores absolutos. Y por eso, convirtieron a Maquiavelo y sus teorías en sinónimo vileza, inmoralidad y desgracia. Sin embargo, lo verdaderamente desagradable es, que el 99% de sus detractores ninguno de ellos haya podido establecer de manera alternativa otra obra de la genial magnitud que el príncipe.

Maquiavélicos Empíricos. 

Es una gran osadía no solo mía, sino de cualquiera; que disienta de la profusa retórica peyorativa de los detractores de Maquiavelo. Máxime, tratándose de gigantes de la estirpe intelectual de Spinoza, Hegel, Burckhartd, Gramsci, Bobbio, Croce, Gentile, Aaron, Strauss, Berlin, Cassirer, Garin, Weber, Meineke, Pocock, y Quintín Skinner etc. Pero, a pesar de que sus obras son trascendentales no menos cierto es, que todos ignoraron que el florentino solo realizó de manera magistral una retrospectiva descripción del accionar del hombre en ejercicio del poder; como él mismo resaltó en el exordio de la obra. Acontecimientos que sucedieron y que seguirán “Per sécula seculórum”, inclusive desde cuando él no imaginaba siquiera nacer.

De igual forma, la historia registra a muchos gobernantes que de manera empírica y endógena llevaron el maquiavelismo en la sangre. Por ejemplo. El emperador chino Lui Pang, Alejandro el emperador de Macedonia, el dictador romano César, el emperador Calígula, la emperatriz China Wu Zetian, Gengis el gran Kan del imperio mongol, el gran Pericles en Atenas, la reina de Egipto Cleopatra, el sultán otomano Mehmed II y, el príncipe de Valaquia Vlad el Empalador así como muchísimos otros etc. En ese sentido, el príncipe más que una apología a los desafueros del poder; es inequívocamente el aporte de mayor importancia al estudio las ciencias políticas de toda la historia.

Gobernantes Maquiavélicos. 

Aunque para muchos resulte displicente el glorioso arte de conquistar, conservar y saber utilizar el poder; conlleva acciones que para el fino hilo de la moral se prescriben como malas. Muchas de ellas, van desde actuar y aparentar manteniendo la palabra y la integridad para con su pueblo; hasta comportarse como uno mismo no quisiera en caso que sea conveniente. Son esas las características de muchos gobernantes representantes genuinos de Maquiavelo como fueron, Napoleón, Hitler, Mussolini, Stalyn, Mao, Lyndon Johnson y Josip Broz etc. Y más recientemente, Reagan, Bush, Uribe, Obama, Putin, Netanyahu, Xi Jinping, Erdogan, Rohani, Al-Sisi y muchos otros.

Asimismo, en la propia República Dominicana desde el mismo 27 de febrero de 1844 también hemos tenido nuestros gobernantes maquiavélicos como fueron, Santana, Báez, Lilis, Vásquez y el propio Trujillo, aunque era iracundo y carecía de astucia. En ese mismo orden, nadie en su sano juicio podría ignorar que los máximos representantes del maquiavelismo contemporáneo en el país lo encarnan el extinto Joaquín Balaguer, Leonel Fernández y con mayor profusión, perfección y dogmatismo Danilo Medina. En virtud de ello, si se realiza un análisis desde la perspectiva del poder alejados de los epítetos con valores axiológicos; nadie podría negar que el éxito de sus carreras políticas está indisolublemente ligado a la grandeza y genialidad del príncipe.

Danilo y el Príncipe. 

Usted puede estar de acuerdo o no con su estilo de gobernar, con la singularidad de su liderazgo o con el ruido de su silencio. Empero, lo que no pueden negar quienes le siguen, ni quienes le desprecian y mucho menos quienes les adversan; es que en el plato de sus tres comidas está el príncipe de Maquiavelo. Calcula cada movimiento con la rigurosidad de Bobby Fisher, desprecia el azar de forma irascible, con su silencio “Gracianiano” actúa como un zorro para conocer las trampas de sus adversarios y en cada movimiento asusta a los lobos. Es perspicaz hasta durmiendo, imperceptible en la adversidad, maestro de la astucia y rencoroso a perpetuidad.

Por consiguiente, no tiene enemigos pequeños y ha demostrado que no olvida las viejas ofensas, sin importar el opíparo banquete de beneficios coyunturales que ha traído el presente. Su biblia es el príncipe y el poder su inspiración; se asegura contra el ataque y es implacable en su decisión. Sigiloso frente a las lisonjas e inexorable ante una traición. El fin justifica sus medios y es la espada de Damocles de todos a su alrededor pues como estableció el escritor alemán Jean Paul Richter “después del poder; nada hay tan excelso como saber tener dominio de él”.