De palomas y escopetas, el mundo al revés

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Empresarios dominicanos de distintas áreas prohíjan la llegada de los haitianos para darles trabajos pagados con sueldos de miseria y alimentan la invasión pacífica.
Eso ni se ve ni se quiere ver, pero se conoce.
Son pues, criollos, los reales culpables del éxodo hacia este lado de la frontera, pero esa verdad de a puño, conocida por todos, se quiere mantener indefinidamente debajo de la alfombra, como la basura que se barre hacia adentro.
Se ha dicho, se ha advertido, hasta la saciedad, que el proyecto de nación de los haitianos, si es que lo tienen, pasa por la ocupación de la isla para que sea una e indivisible.
Del mismo modo que los cazadores de palomas de hace cuatro décadas no atendieron las alarmadas sugerencias y recomendaciones de mi padre, un cazador de toda la vida, permitimos la caza indiscriminada y la desaparición de las palomas. Ahora somos testigos de la invasión pacífica de haitianos que encuentran trabajo, en actividades donde la explotación del hombre por el hombre es más manifiesta.
Me refiero al corte de la caña, a la recogida del café, a la cosecha del arroz, a la atención y ordeño del ganado vacuno, a los puestos no especializados de la industria de la construcción.
Los haitianos responden a un principio humano que nadie logrará borrar de la faz de la tierra: la supervivencia. Sabedores de que mejor es algo que nada, trabajan sin hiel para asegurar los puestos que consiguen.
Y continuarán obteniendo trabajo mientras haya antidominicanos que les paguen una migaja, para engrosar sus ganancias, para no abonar sueldos y salarios adecuados a los trabajadores nuestros que se niegan a permitir sufrir en carne propia la explotación a que son sometidos los haitianos.
Ya no es momento de hablar de los terribles recuerdos dejados por los haitianos, durante el siglo XIX, cuando asolaron poblaciones enteras y asesinaron a hombres, mujeres y niños.
Esa situación pasó, lo de ahora es lo importante, es lo que está vigente: los haitianos producen día a día la unificación de la isla con una invasión pacífica a través de una frontera muy porosa, atendida por autoridades uniformadas y civiles, a las cuales lo que les interesa es que le den lo suyo, sin que importe lo demás.
¿Por qué afanar en la frontera para contener la invasión si más adelante hay autoridades con mayor poder que los dejarán entrar, por una gratificación más rica?
Entre los ricos explotadores, los haitianos que se niegan a morir de hambre, la presión de países a quienes les interesa que los vecinos no vayan hacia sus territorios, nos tienen un cerco que es preciso romper. Es hora de actuar.


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