De propensiones y lecciones

A1

Leyendo y releyendo algunos textos sobre hechos políticos, sociales y biográficos, me hacen pensar que los seres humanos tenemos la propensión a analizar el pasado con los instrumentos de conocimientos que nos da el presente al margen del contexto en que esos hechos se produjeron, a asumir como válidas algunas teorías surgidas de soluciones coyunturales que determinados actores dieron a la realidad que en su momento enfrentaron; a infravalorar el hecho de que una persona con vida pública tiene también una vida privada a la cual tiene derecho y que influye de manera a veces determinante en los buenos o malos resultados de sus acciones en la esfera pública.
Los principales dirigentes de la Revolución Bolchevique no tenían referencias teóricas para dar solución a cuestiones cruciales como, entre otros: sofocar un movimiento contrarrevolucionario armado apoyado por potencias extranjeras y levantar un proceso productivo devastado por las guerras careciendo prácticamente de capital humano. Para defender el proceso revolucionario se recurrió a medidas represivas coyunturales que devinieron estructurales, elevándolas a nivel de teorías, ejemplos: dictadura del partido único, la colectivización forzada, la centralización estatizada de la economía. Podría discutirse sobre la inevitabilidad o no de esas medidas, pero es inexcusable que teorías surgidas en esa coyuntura, que por demás no evitaron el colapso del sistema, se asuman hoy como válidas.
Al pasar balance sobre el papel de la izquierda dominicana en la política en las décadas de 60/70, tendemos a subvalorar el contexto en que actuaron sus principales dirigentes o abstrayéndonos del nivel de desarrollo de las ideas políticas del país y del andamiaje ideológico de casi todos ellos, que era básicamente las teorías arriba señaladas, las mismas de los dirigentes de izquierda de todo el mundo, prácticamente.
Las profundas limitaciones del referido andamiaje le impidieron jugar un papel más eficaz y tener hoy un mayor significado en tanto fuerza política, sin subvalorar la contribución que ellos hicieron a la consolidación de las libertades políticas en el país. Eso es comprensible, pero es incomprensible que a pesar de ese balance persistan en su error.
También, quizás sea útil reflexionar sobre la relación que se establece entre individuo-Causa-instituciones-familia y su posterior impacto en los procesos políticos y sociales. El Che hizo todo lo que hizo en sólo 11 años, no tuvo tiempo para la vida privada; tampoco la tuvieron Amín Abel, El Moreno, Orlando Martínez, etc. Otros estuvimos fuera del país o imposibilitados de acompañar a nuestras compañeras y/o familiares en momentos cruciales, el compromiso en esos y con esos tiempos lo impedía, muchos se inmolaron o lo inmolaran por el Partido o la Causa.
En una reunión del partido bolchevique, a Trotski le preguntaron si quería defenderse de los cargos que se le imputaban, “no se puede tener razón contra el partido”, se limitó a decir. En Italia, en “defensa del Estado” la Democracia Cristiana y el Partido Comunista dejaron que Aldo Moro, raptado por las Brigadas Rojas, fuera asesinado por estas.
Causas, instituciones e individuos no son la misma cosa, una causa tiene sentido si no devora a sus propios hijos. Sin hacer un balance seriamente críticos sobre algunas causas seguiremos siendo inútiles a estas.


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