De Tarzán a Obama

Rafael Acevedo

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Las situaciones excepcionales trastornan y desestabilizan el sistema de percepción, interacción y comunicación de los individuos, incluyendo sus sistemas expresivos faciales y corporales. Cuando podemos anticipar las situaciones, tanto la vestimenta, los gestos y todo el lenguaje corporal se suelen adecuar a las circunstancias; existiendo códigos gestuales específicos para, por ejemplo, la iglesia, la fiesta familiar, las recepciones. Las situaciones formales son normadas mediante códigos especializados que incluyen recomendaciones sobre gestos de orden y buen gusto y gestos totalmente prohibidos.
Por otra parte, el diseño de un espacio abierto o cerrado produce estados de ánimo y disposiciones expresivas y gestuales diferentes, y similarmente, la decoración, iluminación, ventilación y disposición del mobiliario de un salón infunden tensión, solemnidad, relajamiento.
Leemos fácilmente, con interés y sin temor alguno, los ojos de nuestros amigos, sean estos blancos, negros o mulatos; chinos, europeos o guaraníes. Pero comúnmente suele ser difícil interpretar gesticulaciones de gentes muy diferentes a nosotros. Por lo que es un error sumamente pernicioso llamar “discriminación social o racial” al temor natural a las personas con tipologías expresivas poco familiares.
Cuesta esfuerzo para que un grupo o comunidad modifique sus condicionamientos perceptuales y expresivos hacia determinados grupos o sectores sociales, sin haber sido educados y preparados para ello. En el caso clásico del “buen samaritano”, la persona socorrida era: a) de la misma o similar cultura que la del samaritano; o b), el socorrido no producía temor o no representaba peligro para el samaritano.
La interacción social no fluye sin dificultad cuando no existe un sistema social y cultural (y legal) que la organice. Lo que necesariamente implica la existencia de un contexto normativo y situaciones social y culturalmente “estructuradas”. La interacción social y las relaciones sociales (de cooperación e intercambio) no se establecen o permanecen sin que se den esos “imperativos funcionales” (Talcott Parsons).
El bullying contra niños especiales o “amanerados”, de parte de otros niños, se debe en buena medida a que sus gestos y expresiones envían mensajes ambiguos a los niños “normales”, produciéndoles tensiones y disonancias cognitivas. Lo cual tiende a excitarlos, a confundirlos y a generar conductas de rechazo.
Negros y mulatos se discriminan mutuamente en este país, especialmente si el discriminado no se tiene estilo o no es miembro del estamento dominante. Si las élites fuesen verdes, la Crema Perlina sería verde. Somos, en gran medida, culturalmente blancos, y probablemente ello influye, como en el caso de Barack Obama, en que parezcamos amables y confiables a los blancos (turistas): Por nuestro lenguaje facial-corporal “como de blancos”. Y porque los que aquí visitan no suelen ser ricos ni clasistas. Generalmente acostumbramos a no considerar superiores a ninguna persona por su condición racial, aunque mostremos cierta sumisión de clase social. Campesinos, pobres, clase-medias, saben sonreír con facilidad a extraños; los ricos y los capitaleños tienen menos facilidad para ello. Cada cosa en su contexto, puesto que “perro de campo no ladra en ciudad”.
Tarzán amaba a Chita como amamos a nuestro perro, pudiendo leer su amor hasta en la cola.


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