De triculí, pirrinche y clerén

Durante la tiranía de Trujillo en muchos puntos de la región este, especialmente, se producían clandestinamente bebidas espirituosas y mire que en esa época de autoridades de horca y cuchillo esa actividad industrial era perseguida con tenacidad.
Pero lo prohibido tiene un atractivo especial había productores de ron clandestinos y autoridades que los apañaban.
Pese a la reconocida y destacaba actuación en favor de la ley por parte de los alcaldes pedáneos y comandantes militares, muchos obtuvieron pingües beneficios al proteger esa actividad industrial.
Recuerdo que en las décadas de 1950 y siguientes se indicó el consumo de bebidas mezcla de alcohol, bayrum (berrón), azúcar y agua que algunos llamaban triculí y otros pichirri o pirrinche, las cuales eran consumidas en Santo Domingo en Borojol, en los alrededores del puerto, que entonces tenía su mayor actividad en la ría del Ozama.
Durante décadas, la corrupción sólo se podía ejercer cuando Trujillo se hacía de la vista gorda o cuando lo beneficiaba, entonces bajó la producción clandestina del consumo de alcohol producido sin supervisión del gobierno, sin controles de calidad y de higiene.
Pero como toda actividad clandestina mueve grandes cantidades de dinero y tiene adictos a quienes controla mediante el suministro gratuito del vicio, hay complicidades inauditas.
Una que otra vez, durante el reinado del triculí y el pirrinche hubo intoxicaciones de personas, no de grupos, por lo cual el asunto no pasó a mayores.
Debido al dejar hacer, dejar pasar, por una parte, y, por la otra al afán de tener, de poder exhibir, la apantallar a los demás, aun cuando sea fruto del ejercicio de la corrupción, hay autoridades que se hacen de la vista gorda para enriquecerse sin que les importen principios morales, prácticas ilegales.
Ahora resulta que, como un clerén, mezclado incorrectamente o exprofeso, causa la muerte de varias personas, hay alarma, entonces comienzan las autoridades a darse cuenta de que sí, de que los haitianos también trajeron la fabricación clandestina de una de sus bebidas baratas y populares que hasta hace poco se consumía contrabandeada.
Ello, hasta que un emprendedor montó un negocio de producción de contrabando de clerén, o de producción doméstica, no lo duden, con la complicidad de autoridades civiles y uniformadas que, conocedoras de la actividad ilegal, decidieron participar de los beneficios.
Alguien, hay que averiguar la causa, ha dañado el negocio produciendo clerén adulterado o, por una equivocación la bebida ha resultado envenenada. Eso es lo primero que hay que averiguar. Lo segundo es cuáles autoridades tenían conocimiento y aprobaron, por corrupción, la actividad industrial de producir bebidas espirituosas sin control. Busquen por ahí, no quieran hacerse los chivos locos.