Decisión sobre caso Galíndez incidiría investigación presidente Donald Trump

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

Como si fuese un accidente de la historia, la posibilidad de que el abogado especial Robert Mueller pueda develar los resultados de una investigación sobre la supuesta intervención rusa en las elecciones norteamericanas de 2016, depende de que un tribunal de apelaciones de Washington falle a favor o en contra de un caso abierto por el abogado Stuart McKeever, quien lleva décadas investigando la desaparición del profesor Jesús de Galíndez.
La información aparece en un trabajo publicado en el portal Político Magazine, en el que se señala que si bien los referidos casos no guardan ninguna relación entre sí, la decisión del tribunal de apelaciones sellará el futuro de las investigaciones que, en primera instancia, sugieren la complicidad entre el entonces candidato Donald Trump y el Kremlin, en detrimento de la candidata Hillary Clinton.
“Si el tribunal de apelaciones se alinea con el Departamento de Justicia y falla que los jueces no tienen libertad para divulgar información del gran jurado, que generalmente se mantiene en secreto, podría aplicarse una llave inglesa a cualquier plan que tenga Muller de emitir un informe público sobre los hallazgos de su investigación”.
En el análisis también se expresa que, si se falla en contra de McKeever, Muller, el exdirector del FBI, tampoco podría enviar un informe al Congreso para que se enjuicie políticamente al presidente Trump.
El caso Galíndez. Jesús de Galíndez fue un abogado español que se radicó en la República Dominicana el 19 de noviembre de 1939 tras huir de la crisis política que vivía España.
Formó parte de la colonia de exiliados vascos a quienes el dictador Rafael Leonidas Trujillo acogió para que contribuyeran con el desarrollo del país.
Sus vínculos con el régimen le permitieron impartir clases de Ciencias Jurídicas en la Escuela Diplomática y Consular y luego ocupar el cargo de asesor legal del Departamento de Trabajo y Economía.
Su condición privilegiada en el régimen no lo convirtieron en un adepto, sino todo lo contrario, pues al salir del país en 1946 publicó la tesis “La era de Trujillo”, para optar por el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos.
Ese trabajo le costó la vida. El 12 de marzo de 1956 una alumna de la universidad de Columbia lo dejó en la estación del metro y fue la última vez que lo vieron con vida.
Se considera que fue asesinado por orden de Trujillo, ante las críticas que sobre su régimen se vertían en la referida tesis doctoral, así como por su vinculación con los grupos antitrujillistas que estaban radicados en Nueva York.


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