Del 1984 de Orwell al Facebook de Zuckerberg

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Eric Arthur Blair, escritor británico de la primera mitad del pasado siglo XX, utilizó el pseudónimo de George Orwell para sus publicaciones como periodista y novelista. Participó a favor de la República Española y combatió con su pluma el nazismo y el estalinismo. Su obra más divulgada es la novela 1984 publicada en el año 1949 poco antes de su fallecimiento acaecido el 21 de enero de 1950. En un estilo muy particular describió el aparato de espionaje creado por la KGB soviética de la época de José Stalin. De manera irónica elaboró las consignas del partido único, en donde se leía: La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La Ignorancia es la fuerza. Las imaginarias esferas gubernamentales las integraban el Ministerio de la Verdad, el Ministerio de la Paz, el Ministerio del Amor y el Ministerio de la Abundancia. Como todo gran novelista, Orwell supo utilizar la fantasía para irónicamente describir la realidad presente, consiguiendo de ese modo trascender las coordenadas de lugar y tiempo. Veamos un ejemplo: “La rata, a pesar de ser un roedor, es carnívora… En algunas calles, las mujeres no se atreven a dejar a sus niños solos en la casas ni siquiera cinco minutos. Las ratas los atacan, y bastaría muy poco tiempo para que sólo quedaran de ellos los huesos. También atacan a los enfermos y los moribundos”. ¿Acaso no vemos infantes vivos y cadáveres con mordeduras de ratas en el siglo XXI en un fragmento de El Caribe, Frontera Imperial, ubicado a miles de leguas de la Europa oriental?.
Coincidencia de la vida, Mark Elliot Zuckerberg, fundador de Facebook, el décimo hombre más rico del planeta y dueño de las compañías digitales Instagram y WhatsApp, nació en 1984. Zuckerberg admitió al ser cuestionado en el Congreso norteamericano, que la privacidad de alrededor de 87 millones de cuentas de los usuarios de Facebook fue violada por la consultora política Cambridge Analytica.
Recordemos que las redes sociales de Internet Facebook y Twitter con sus opciones: me gusta, no me gusta, y compartir, permiten crear un patrón de preferencias de los usuarios. El motor de búsqueda Google reconoce nuestros gustos y preferencias mostrándonos aquellas informaciones contestes con los deseos individuales. El Dr. Diego Rubio, profesor de la Universidad de Oxford asevera que “cuanta más información consume una persona, más atrapada queda en sus propios prejuicios y sesgos cognitivos. El homophilous sorting es la tendencia natural de las personas a encerrarse en grupos afines donde su cosmovisión es compartida y no es cuestionada por nadie. Internet ha aumentado nuestra capacidad para formar y encontrar, dentro y fuera de la red, estas cámaras de eco donde el pensamiento crítico escasea. Muchos líderes populistas están valiéndose de tales espacios para difundir sus mentiras con total libertad, a sabiendas de que no serán cuestionadas y servirán para movilizar apoyos”.
Ahora existe gran confusión e incertidumbre sobre si una cosa es real o virtual, verdad o mentira. Si de algo me han convencido siete décadas de morada entre Homo sapiens es que, el único modo de lograr que una acción a consumarse no llegue a divulgarse y ser conocida por otros, es simplemente, no ejecutarla. Todo cuanto se diga o haga, sea vía texto, imagen o audio, jamás volverá ser secreto absoluto en nuestra gran aldea global.


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