Del Aconcagua a Mar de Plata y otras cosas más

De regreso de unas fabulosas vacaciones en Argentina, donde la distancia no cuenta, en búsqueda de esparcimiento y escapar de la rutina que embota el pensamiento, entre la cantidad de correos no contestados, mensajes y asuntos pendientes, dos noticias, particularmente agradables, me esperaban: una sentencia de la SCJ, que ponía fin a las angustias de cuatro trabajadores maltratados y martirizados por más de 8 años de litigio; y una invitación del caro amigo Gamal Michelén a la charla que daría en Casa España, sobre Asturias y el Arte Prerrománico Siglo VIII, que revela, como megáfono, la verdad de ese periodo histórico, no del todo oscuro, pero falto de luminosidad.

Recorrer más de 4,280 kilómetros, en un pequeño Fiat de cuatro pasajeros, parte de las inmensas llanuras de las pampas argentinas, recrearnos con los extensos viñedos y olivares y su procesamiento en las modernas bodegas de Mendoza; agotar la mirada maravillada en el sinfín de ganado vacuno y equino que pastan y se reproducen por doquier como semilla de verdolaga; descender por camino solitario y tortuoso al fascinante Cañón de Atuel, bordeando profundos precipicios; o acercarnos al azul cielo entre picos nevados de Los Andes para quedar deslumbrados al pie del majestuoso Aconcagua es algo indescriptible, un sueño imposible de no mediar la voluntad y el amor inconmensurable de esa amorosa familia Bedran, atada a nuestros sentimientos.

A lo largo del intenso recorrido, el entusiasmo se acrecienta con las gratas sorpresas de lugares y momentos que nos aguardan en cada una sus grandes ciudades y pueblos de las provincias de Córdoba, San Luis, Mendoza, y Buenos Aires, de Mar de Plata y La Toma. Sus largas calles y avenidas, ordenadas y limpias, sus ricas zonas residencial y del comercio, sus emblemáticas y hermosas plazas y parques nacionales, y el verdor que se respira y ornamenta las modernas edificaciones, mientras toda la población sigue atenta la campaña electoral desatada por los partidos y candidatos a senadores, diputados y concejales, pendiente de sus resultados.

El discurso de los políticos, igual a los que aquí: la oposición, repleto de denuncias y promesas que pondrán fin a tantos males acumulados; el oficialismo, sacando ventajas del poder, de las grandes obras que pretenden olvidar “la desmesura de los Kischner”, nada comparable con el desmadre dejado por el ex mandatario jefe del partido morado y su camarilla.

Ya en tierra firma, terminada la charla de Gamal, con selecto grupo de viejos amigos degustamos un buen vino cuando alguno llama mi atención sobre artículo de Andrés L. Mateo: “Una Carta de Juan” que pondera y me recomienda leer. El aniversario del fallecimiento del Profesor Bosch, 1 de noviembre, lo había pasado en Argentina. Al decir de Andrés, había pasado sin pena ni gloria, relegado al Maestro a un vergonzoso olvido. Recordé otra carta: la renuncia del Profesor del PLD, denunciando la “corriente oportunista de su organización que solo está interesada en escalar cargos públicos y obtener dinero.” Concluyendo: “No puedo aceptar situaciones que rechacé cuando salí del PRD.”

Hay ejemplos de vida que a unos llena de orgullo y a otros infama y conviene olvidar.