Democracia, crisis alimentaria y especulación

Eddy Skinner.

Premisas como las que se refieren a que “no existe democracia donde reina la miseria”, y “la democracia no se acuesta con la barriga vacía”, deben ser analizadas para determinar las consecuencias que tiene sobre el sistema democrático, la paz y la gobernabilidad el tema de la especulación en los precios del petróleo y el aumento excesivo de los alimentos o crisis alimentaria.

Si tomamos como referencia la crisis en la especulación de los precios del petróleo que se suscitaba en el año 2009, podemos observar datos extremadamente fatídicos para la humanidad. Por ejemplo, se incrementó en 150 millones las personas que pasaban hambre en el mundo, llegando a incrementarse esta cifra por encima de los mil millones de seres humanos; además, se estimó que casi 25 mil niños morirían en distintas partes del mundo cada día a causa de escases de alimentos; y en lo que respecta a la República Dominicana, se refirió que para ese año (2009) muchos niños y niñas podrían perder sus vidas por consecuencias de la crisis alimentaria generada por la especulación excesiva en las transacciones que se producen en los mercados de contratos a futuro y el incremento desmedido en los precios del petróleo y de los alimentos.

Y es que, conforme a lo que escribe el Presidente Estadounidense Barack Obama en su libro “La audacia de la esperanza”: “Una nación que no controla sus fuentes de energía no controla su futuro”, por lo que interpreto, que si el mundo deja de controlar y no toma decisiones serias y atinadas respecto a este problema, evidentemente estamos perdidos en nuestros esfuerzos por hacer de nuestras democracias una realidad palpable, lo cual se logra satisfaciendo las necesidades básicas y propiciando la dignidad de las personas.

Sin duda alguna, la especulación y las transacciones de contratos a futuro en los mercados financieros, impacta negativamente sobre la seguridad alimentaria. Esto tiene como consecuencias fuertes e intensas protestas sociales en distintas partes del mundo y escases de productos.

Como consecuencia de estas prácticas los gobiernos han tenido que incrementar sus erogaciones y el gasto en el pago de la factura petrolera a través de subsidios, imposibilitándose de esta manera la posibilidad de inversión para satisfacer las necesidades de alimento de nuestra gente.

Es por las referidas razones que debemos acabar con los beneficios y evasiones fiscales que tienen los inversionistas en paraísos financieros y mercados a futuro, eliminando toda resistencia, todo obstáculo a reformas del sistema financiero global y de los mercados de valores, para que logremos nuevos mecanismos de regulación y de supervisión.

Además, es necesario propiciar la inversión y financiamiento en la investigación de energías alternativas, y construir la infraestructura necesaria para desarrollar una buena industria de biocombustibles, lo que contribuiría a reducir nuestra dependencia a fuentes de energías poco convencionales como el petróleo.

Tal vez en estos momentos  usted se pregunta: ¿tiene esto que ver con la preservación  y la estabilidad de los sistemas democráticos? Y yo le respondería, evidentemente que sí, y en todo, porque con las dos frases que  he iniciado este escrito, debemos reflexionar en ellas, tal vez duras e incómodas, pero la realidad está en que los seres humanos necesitan que sus necesidades básicas de alimentos puedan garantizarse, quieren una vida digna y decente, porque es evidente que con esto aseguramos la paz ciudadana y la gobernabilidad democrática.

Con retos tan delicados como estos, los líderes mundiales no deben quedarse ensimismados, deben reaccionar con sentido de responsabilidad, porque es moralmente aceptable e históricamente memorable que los ciudadanos del mundo reciban una respuesta de sus gobiernos. Es por esto, que se debe prestar la mayor atención y fijar en la agenda de América Latina el tema de la especulación en los precios del petróleo y la crisis alimentaria, para así poder seguir trabajando considerablemente en busca de la democracia, el buen gobierno y la estabilidad la región.