Derek Walcott fue el invitado mayor de la Feria del Libro

25_03_2017 HOY_SABADO_250317_ ¡Vivir!1 C

Marianne de Tolentino
La XI Feria Internacional del Libro recibió, en 2008, a Derek Walcott, oriundo de Santa Lucía, Premio Nobel de Literatura. Su participación estremecedora, animada por sus poemas, su personalidad y sus convicciones, fue indudablemente el hecho cimero de esa Feria del Libro.
Lo buscaron. Lo vieron. Lo escucharon. Sin embargo, no se pudo presentar luego en Santo Domingo una anhelada exposición de sus obras pictóricas: el magno poeta era un talentoso acuarelista.
Para la memoria. Siendo el más importante poeta actual de la lengua inglesa, Derek Walcott puede considerarse una figura excepcional. Su itinerario y capacidad creadora abarcaba el ensayo, el teatro, la música y la pintura. Le calificarían fácilmente de “artista absoluto”.
Derek Walcott nació en Castries, capital de la isla de Santa Lucía, en 1930. Su padre, Warwick Walcott, británico y bohemio, pintor de acuarelas y músico, falleció cuando él era muy joven. Su madre, Alix Walcott, una mujer de Santa Lucía con grandes cualidades, compositora, lectora incansable, profesora y directora de colegio, asumió la responsabilidad del hogar. Derek realizó sus estudios superiores en Santa Lucía – en el St. Mary College– y en Jamaica, en la Universidad de West Indies.
Se estableció primero en Trinidad, donde, de 1959 a 1976, dirigió el excelente Taller de Teatro, junto a su hermano gemelo Roderick. Cabe señalar que el teatro estaba entre sus pasiones, y que él ha escrito unas treinta piezas, ¡siendo uno de los más importantes autores dramáticos del Caribe! No deberíamos ignorarlo.
En el 1981, Derek Walcoot partió a Estados Unidos y se instaló en Boston. Ejerció la docencia universitaria en Harvard y en Boston –donde siguió enseñando y residió durante años.
Le otorgaron el Premio Nobel de Literatura en 1992. Había tenido nominaciones previas para ese supremo galardón, finalmente conferido.
Cuando las buenas noticias finalmente llegaron al umbral de su puerta, simplemente él lo tomó a risa, como otra “ruleta sueca”.
Derek Walcott fue invitado a México para el homenaje rendido a Octavio Paz con motivo del décimo aniversario de su muerte. Este tributo al Premio Nobel de México se convirtió en otro homenaje al Premio Nobel de Santa Lucía. Su voz tronó entonces, advirtiendo a los poetas del norte: “Debo decir que lo que está sucediendo en Estados Unidos es indignante, sus poetas están ignorando a la gente. Están evadiendo la realidad, no están respondiendo a la responsabilidad que tenemos los poetas”. Era hace casi diez años…
Su residencia alternaba entre Nueva York y Santa Lucía, al mismo tiempo viajaba mucho, solicitado por todas partes del mundo. En uno de sus poemas, él reflexiona acerca de la fama como “un ansia de trabajo”.
Últimamente, Derek Walcott estaba recluido en su hogar caribeño: la enfermedad que acabó con su vida no le permitía desplazarse, sometiéndolo a un tratamiento médico intensivo.
La obra poética. Derek Walcott ha escrito 15 libros de poesía. Uno es dedicado al famoso pintor impresionista francés Camille Pissarro, “El perro de Tiepolo” –“Tiepolo’s Hound”- con referencias autobiográficas desde los primeros versos. Varios de sus poemas y poemarios se valoran entre los mejores del Caribe, así “Omeros”, “El Testamento de Arkansas”, o La Voz del Crepúsculo.
El periódico “El País” tituló: “Fallece el premio Nobel Derek Walcott, el Homero caribeño.”
Los comentarios elogiosos, emanando de celebridades internacionales, abundan. Quisiéramos a ese respecto citar el testimonio de Cedric George, escritor y artista plástico de Santa Lucía –que expuso en Santo Domingo en la Bienal del Caribe–, amigo entrañable de los Walcott, quien consideraba al poeta como “el ícono cultural más querido del Caribe”.
Robert Graves, poeta inglés, expresaba su alto concepto de Derek. “Walcott maneja el inglés con una comprensión más cercana de su magia interior que la mayor parte de sus contemporáneos ingleses de nacimiento”.
El escritor Salman Rushdie dijo que era “el más grande poeta inglés vivo: erudito, mágico, preciso”…
Mezclando ritmos caribeños, clásicos y americanos en una música propia, integrando mitologías ajenas y volviéndolas caribeñas, Derek ha merecido las más altas alabanzas de todas partes del planeta.
…“La poesía es una vocación, es un llamado, antes de todo es un llamado”, afirmaba Derek Walcott.
Derek Walcott pintor y acuarelista. A Derek Walcott, además, le encantaba pintar paisajes, aguadas y acuarelas… La acuarela, de hecho pintura transparente, suele definirse como una variante del dibujo, por la casi imposibilidad de hacer correcciones, por la aplicación directa del color, por la ligereza y la espontaneidad del toque. Walcott sostiene un talento de acuarelista minucioso, cuyas obras nos llegaron a sorprender por su frecuencia, su nivel y su sinceridad. Apreciamos precisión y emoción en estas imágenes luminosas y límpidas, muy caribeñas por cierto: a menudo, él nos hace ver y sentir las casitas y el campo, la playa y el mar…. como si estuviera pintando paisajes dominicanos.
En cuanto a la parte formal, hay seguridad de ojo y mano, movimiento y quietud, armonía y riqueza cromáticas.
Creemos que las acuarelas de Derek Walcott se desarrollan, a menudo, introspectivamente, no solo enfocando la naturaleza, sino ilustrando la vida, toda, y temas del ambiente tropical, aunque él había hecho también acuarelas en Europa. Varían fondos y elementos, proporciones, composición y paleta.
Junto a la seducción de un colorido agradable, impresionan la fluidez de la pincelada, el dibujo sensible que persiste.
Las gamas de colores extienden sus transparencias delicadas, vistiendo el papel con sus acordes tonales. Reinan una claridad solar y una expresividad visual que recuerda la poesía de los versos, aunque con menos vuelo lírico y densidad expresiva.
Es de la palabra que nacieron las obras maestras de Derek Walcott, pero paralelamente el pincel tuvo su elocuencia.


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