Desarmar ¿a quiénes?

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

El ministro de Interior y Policía, José Ramón Fadul, ha planteado que el Gobierno desarme a la población civil y que militares y policías solo porten sus armas cuando estén en servicio.
Siempre que se habla de desarme de los indefensos ciudadanos, recuerdo los comentarios de mi padre, Julio Gautreaux, quien evocaba el período de Concho Primo, cuando las armas se vendían en cualquier comercio.
Decía que como todos estaban armados, la gente pensaba dos veces antes de ofender al prójimo, de faltarle el respeto a los demás.
Bastaba con llegar a un comercio, mirara y solicitara que le permitieran tomar el arma en susmanos, pedíauna bala para probarla, disparaba hacia arriba y luego, como señal de aprobación, comenzaba a regatear el precio.
La historia de los desarmes a la población dominicana trae recuerdos muy dolorosos, desagradables, de situaciones indeseadas.La primera vez los norteamericanos desarmaron la población durante la primera ocupación militar estadounidense de 1916 a 1924, ¿resultado?, un pueblo indefenso se plegó ante la barbarie y el crimen del tirano Trujillo y los ladrones, asesinos e intelectuales que lo acompañaron durante sus 31 años de desgobierno.
La segunda vez fue cuando, bajo la mirada de las tropas norteamericanas, que nos invadieron en1965, recogieron la mayor parte de las armas con las que el pueblo derrotó a los militares opresores quienes, plañideramente, clamaron por la intervención estadounidense. Todos sabemos cómo aquellos guardias y policías derrotados, acomplejados, con un gran sentimiento de culpa, aprovecharon para servirse con la cuchara grande y cometer toda suerte de violaciones a los derechos ciudadanos.
Me apena y desconocía la minusvalía del amigo Monchi, quien como ministro de Interior y Policía ve la situación de la violencia con anteojos de tuerto, ello así, porque solo dirige su mirada hacia una parte de la población, hacia quienes tienen permiso para porte y tenencia de armas y hacia militares y policías, cuya ocupación demanda el uso de elementos de disuasión y defensa de sus personas y de las vidas y bienes de los ciudadanos.
La naif propuesta del ministro consiste en que las autoridades aprovechen para desarmar al ciudadano cumplidor de la ley, cuando acuda a renovarsu permiso de tenencia y/o porte de armas.
Siempre he sabido que el médico de los Fadul es mi buen amigo Ernesto, por eso Monchi falla cuando piensa que la fiebre está en las sabanas. En vez de desarme se debe permitir la libre venta, bajo control, de todo tipo de armas, para que la gente pueda defender su familia y su persona.
El problema está en las miles de armas en manos de delincuentes, que llegan por las aduanas, que entran por la frontera con Haití.