Desfiguración en la ciudad

La expansión urbana experimentada por Santo Domingo para salirse de los muros coloniales hizo surgir a Gascue, un barrio de distinción y plácido discurrir que atraía miradas para la época y algo después. El mal estado del espacio citadino una vez señorial implica desprecio a una etapa de desarrollo de la ciudad no muy lejana, que fue, y debería seguir siendo, motivo de orgullo. De espaldas a ese legado se han puesto incluso no pocos propietarios de inmuebles de primera categoría en sus orígenes, que luego propiciaron alteraciones hirientes en sus perfiles “modernizados” sin consideración a lo arquitectónico. Allí ha habido libertad para dañar un hito de progreso que es parte importante de la historia de la Capital de la República.

La desfiguración de Gascue incluye daños a espacios para uso común, con aceras intransitables, contenes arruinados y el inevitable aspecto de arrabal que acompaña la multiplicidad de negocios, bajo techo o intemperie, contrarios al uso correcto de los suelos urbanos, generándose condiciones adversas para los fines habitacionales. Es alentador que el ayuntamiento del Distrito Nacional emprendiera acciones para rescatar Gascue, algo que debe salirse de lo superficial. La restauración debe incluir estrictas normativas en favor del perfil original del sector, incluso en materia de orden público, respeto a las buenas costumbres y seguridad ciudadana continuamente en riesgo.

Sin compasión para El Seibo

Las alentadoras búsquedas de solución a problemas sociales no ocurren de modo homogéneo. Tampoco es pareja la permanencia en el atraso. Así como existen zonas de desarrollo y crecimiento, como el Gran Santo Domingo de concentrada actividad económica, existen las cenicientas.
La población de El Seibo es una de ellas en la que periódicamente se levantan tribunas para reclamar atención que nunca reciben. Es una de las provincias más pobres. Carece de servicios hospitalarios dignos de seres humanos y siendo una zona de agricultura y ganadería, pero con mucho desempleo, los caminos vecinales son un desastre y se necesita acceso a la educación superior con una extensión de la UASD. Tan deplorable es la situación que una consigna de quienes allí se quejan del atraso dice: “Este Seibo hay que cerrarlo”.


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