Deshumanización cantada a dúo

El Gobierno y algunos médicos -no todos- tienen que repartirse las culpas por la deshumanización que caracteriza los servicios de salud del Estado. No es culpa exclusiva del Gobierno, como apunta el Colegio Médico Dominicano (CMD), ni absoluta de los médicos. Cuando el Gobierno asume al mismo tiempo la reparación o remodelación de decenas de hospitales, paraliza o entorpece muchos de sus servicios por meses y hasta años. Y cuando no da mantenimiento oportuno a los equipos también ralentiza las atenciones.
Del mismo modo, cuando algunos médicos faltan a sus deberes, acortan de manera antojadiza sus horarios de trabajo o tratan de manera inapropiada a los pacientes, están deshumanizando el servicio para el cual les paga el Estado. Esa condición incluye los paros laborales a que recurren como método de lucha para exigir reivindicaciones económicas y hasta mejora de las atenciones que ellos mismo están afectando al adoptar medidas de fuerza.
Gobierno y médicos deben enmendar sus conductas para lograr que la marcha de los servicios hospitalarios sea ágil y se corresponda con las necesidades de las personas que van a centros asistenciales. Deben asumir el compromiso de poner en primer orden la atención oportuna a la salud de la gente, evitando decisiones que vayan en desmedro del carácter humano de su labor.

Horrible carta de presentación

Puerto Plata ha ido repuntando como polo turístico de mucho atractivo, y eso ha costado grandes esfuerzos al sector privado y a las autoridades. Cada vez más turistas se acogen a la oferta de sol, playa y hospitalidad que les brinda el enclave. Sin embargo, la carta de presentación para todo el que llega es un horrible vertedero de basura a cielo abierto a la entrada de la ciudad. Esta afrenta pone en entredicho la capacidad de las autoridades para manejar un asunto tan elemental y vital como la buena disposición de la basura.
En el pasado, cuando Puerto Plata perdió su esplendor, fueron temas como ese los que ahuyentaron a inversionistas y visitantes. No se entiende cómo, después de esa experiencia tan amarga y costosa, Se reincide en el descuido de recibir al turista con un vertedero como carta de presentación.


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