Desidia en el caso de la basura

La disposición final de la basura del Gran Santo Domingo ha sido un problema sanitario muy serio y de larga data, y parte de la culpa la ha tenido el Estado, por no trabajar para una solución definitiva. En 1993 y a petición del Gobierno dominicano, el Gobierno de Japón hizo el “Estudio de Diseño Básico para el Proyecto de Limpieza y Recogida de Basura de la Ciudad de Santo Domingo”, y en 1996 ese mismo país donó recursos para la habilitación del relleno sanitario en Duquesa, relleno que nunca ha existido.
En julio de 2011, el BID firmó un convenio con una consultora internacional para el diseño de un Plan de Manejo Integral de Residuos Sólidos para los ayuntamientos que integran la Mancomunidad del Gran Santo Domingo, plan que declaró urgente la identificación de posibles lugares para la construcción de un relleno sanitario que sustituyera al ya obsoleto vertedero de Duquesa. Sin embargo, entrado el 2017 seguimos sin relleno sanitario.
Aquí ha fallado la continuidad del Estado. Los gobiernos que se han sucedido desde 1993 hasta nuestros días, han relegado la búsqueda de solución para el problema de la basura del Gran Santo Domingo. Ahora tenemos una bomba sanitaria que amenaza la salud de más de tres millones de ciudadanos. Ya no es un problema municipal, sino de mucho mayor envergadura.

Un desbalance que nos desafía

Nuestras ventajas comparativas y competitividad comercial están ante una dura prueba. El 25% de los contenedores que llegan al país llenos de mercancías, regresan vacíos a sus lugares de origen. Eso significa que tenemos un desbalance comercial que nos reta a adoptar políticas más agresivas para colocar nuestros bienes en otros mercados. O en su defecto, expandir y diversificar nuestra gama exportable y, por supuesto, buscarle mercado.
Este desbalance fue sacado a relucir por el canciller Miguel Vargas Maldonado y Teddy Heinsen, presidente de la Asociación de Navieros de la República Dominicana. Nuestras ventajas comparativas están ahí, y tenemos estabilidad económica y social. Pero las ventajas no son tales si no logramos aprovecharlas al máximo. Hay que “fajarse” para devolver llenos esos contenedores.


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