Desorden en el uso de espacios

A través de años de incongruencias en la instalación y uso de sitios por el crecimiento urbano, el Gran Santo Domingo y otras localidades han asumido en muchas zonas el aspecto de rompecabezas sin armar aun cuando aparezca por algunos lados cierta armonía de cotos exclusivos para lo fabril o lo residencial. Toparse con una tremenda instalación para materiales altamente inflamables entre muchas viviendas y en confusión de linderos, nada tiene de raro en la Capital; y ha sido contundente la depreciación inmobiliaria por las perturbaciones que causa el surgimiento de colegios que colindan con apartamentos y calles estrechas y muy transitadas. La contaminación química y otras repercusiones de actividades industriales han tenido poca contención en defensa de hogares circundantes mientras nuevas construcciones inutilizan tierras de vocación agrícola.

Los negocios que generan ruidos excesivos, invaden estacionamientos y motivan jolgorios en los vecindarios muestran que nadie frena a los “emprendedores” que atropellan al prójimo de sus cercanías. Si además se fuera a pedir cuentas a la buhonería estorbosa que se cree dueña de zonas verdes y aceras, el reordenamiento sería una tarea colosal para la que ha faltado voluntad política. El país ha estado expuesto a debilidades de leyes y autoridades llamadas a regular presencias y usos de espacios que por su naturaleza deben estar separados.

Manos libres para actuar

Los hombres que muestran decisión de matar a mujeres tras un cese de relaciones o rechazo de ellas no deben seguir saliendo indulgentemente de la privación de libertad cuando todavía es patente la sed de sangre impulsada por la vesania. Si la epidemia de feminicidios no cede, como ocurre ahora ante la alarma de la sociedad y de familiares de víctimas, los jueces y fiscales deben mostrarse firmes e intuitivos en la aplicación de las prevenciones que la ley permite.
Sus decisiones deben corresponderse con lo invaluable de las vidas que podrían estar en peligro, aun más cuando han sucedido intentos fallidos que incluyeron daños físicos. Las excarcelaciones ante actos concretos y graves de tal naturaleza con frecuencia equivalen a dejar el paso libre a la reincidencia de asesinos de mujeres.