Desprecio a leyes y a las teorías

República Dominicana puede ufanarse de que legisla, estudia, debate y se lanza a foros para fijar criterios sobre una diversidad de asuntos y problemas que con posterioridad a planteamientos sobre lo posible debieran convertirse en hechos o al menos en firme búsqueda de soluciones. Más no. La historia de lo nacional ha estado repleta de buenas intenciones y pocos frutos. Basura, apagones, accidentes de tránsito, criminalidad, deforestación y fallas hospitalarias, entre otros temas tercamente irreductibles. Para cada azote de males ha existido un culto a la exégesis. Un chorro de apreciaciones y diagnósticos cursados en seminarios, simposios y talleres. En pocos países se ha hablado tanto de lo mismo sin dar después los pasos apropiados en intentos de cambiar odiosas realidades.

De la inacción y de ese quedarse en la teoría improductiva habría que llamar a la autocrítica a generaciones de políticos importantes que han dado deplorables ejemplos de inconsistencia y despreocupación por las debilidades institucionales; por su amnesia con las leyes de cuyo empeñosos incumplimientos tendrían que responder. De ellos ha sido siempre el poder. De ellos ha sido siempre el regodearse en lo subjetivo, condicionando muchas veces los procederes a sus conveniencias. Véase el necio síndrome de torre de babel con la ley de partidos y con todo lo que sea poner límites a sus desempeños.

Ni que hubieran parido

Desde luego que los 300 mil fabulosos pesos más que se dice fueron dispuestos para cada diputado, en excesiva generosidad no consultada con los contribuyentes, serían para que obsequiaran a madres propias y ajenas; todo sea para que con sus proles luego voten por ellos. Pero con la discrecionalidad que les asiste, harían con el dinero lo que les dé la gana. Les llegan en demasía y alcanzarían para muchas cosas. Lo harían desde la altura de los privilegios a los que se llega desde el poder tan aprovechable para abundantes beneficios personales como si ya no fueran suficientes los que reciben como servidores públicos fuera de serie. Han legislado para que las funciones congresuales dominicanas sean de las más costosas en el orbe, sin sufrir mermar en sus emolumentos cada vez que le fallan al país, como ahora con las legislaciones electorales.


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