¡Desvergüenza pública y personal!

Mercedes Castillo .
Mercedes Castillo .

Tal y como lo define la Real Academia de la Lengua, la “desvergüenza” es la falta de vergüenza, insolencia, descarada ostentación de faltas y vicios.

Exactamente, la desvergüenza que predomina en el manejo y administración del Estado y en instituciones públicas y en parte de las privadas, en hogares, en el trabajo, en la escuela, en la comunidad y en las calles.

Lo más graves de todo este desenfreno cívico-moral es que los funcionarios, empleados, ejecutivos  y/o personas que son padres actúan con tal desvergüenza que no se” inmuta” ante su familia (hijos,nietos,pareja, madre, padre,hermanos, tíos, sobrinos, abuelos), ni ante sus maestros,profesores,amigos,vecinos, compañeros de profesión y de labores.

Poseer y disfrutar de una mansión, de un pent-house, de un vehículo costoso, de tarjetas de créditos millonarias y “darse buena vida” sin poder demostrar cuándo y cómo usted consiguió los recursos de manera lícita, para obtener todo eso, es un solemne acto de desvergüenza pública y personal.

Debe estar consiente, que usted constituye una vergüenza para la sociedad, para su familia, su partido, su vecindario/comunidad y su profesión. Por más que quiera  justifique de manera “chistosa, (para

justificar ante los demás su mala acción) “que la ¡vergüenza! “Se la comieron los burros”, y que eso “ya pasó a la historia”; para muchos ciudadanos/as no es cierto, contrario a eso, es inaceptable. Hay ciudadanos/as dominicanos y del mundo que exige ética en el desempeño de las cosas públicas y en el comportamiento personal de cada ser humano.

Al final, esos desvergonzados/as son despreciados por la misma sociedad. Pueden poseer los millones que nunca soñaron conseguir, y no valen una guayaba podrida en término social y personal.

Se convierten en unos insignificantes sociales, no pueden mirar de frente y con el pecho erguido, porque saben que lo hicieron o lo están haciendo mal, defraudando así a la sociedad y su familia.

La desvergüenza también se traslada al seno del pueblo, de la familia, de la comunidad, de las organizaciones eclesiales, sociales, a los clubes culturales y deportivos, a la escuela, a las universidades, al partido, a los ayuntamientos, a todas partes, por esa racha social. Es hora de que cada quien aporte su granito de arena como contribución  a crear una cultura de vergüenza publica y personal.

 


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