Desvistiendo a unos santos

Las alcaldías y direcciones de distritos comparten con la jefatura del Estado la obligación de conservar en buenas condiciones las ciudades y poblados a lo largo y ancho del territorio nacional. Pero en ese marco, los organismos edilicios y de más directa responsabilidad con las colectividades sufren los efectos de unas relaciones asimétricas con el Poder Ejecutivo. La centralización presidencialista y dominante ejerce a su favor el diseño detalle a detalle del presupuesto. Quita y da a su mejor criterio. Configura el gasto público a partir de sus estrategias difíciles de rebatir, concentrando inversiones allí donde entiende que le reditúan mayor aceptación pública. El axioma es claro: a más recursos para la agenda presidencial, menos para otras obligaciones constitucionales.
Con el paso de los años los ingresos que por ley –y por justicia en respeto a los munícipes- deben ser canalizados hacia las alcaldías han decrecido con el agravante de que los cabildos están sometidos a restricciones en su capacidad de crear arbitrios; y los ámbitos que por su naturaleza corresponderían al menguado Poder Municipal, están detentados por la administración central del Estado, como la expedición de placas; o retenidos, como ocurre con los beneficios que ricas explotaciones mineras arrojan en provincias. Debilidades institucionales y una tradición que subordina voluntades al presidencialismo ponen en crisis a las autonomías.

Un pueblo busca más atención

Cuando se alcanza a percibir que una joya de la naturaleza como Sabana de la Mar, con autoridades deseosas de lograr progreso, está un poco colocada en el olvido, sin la carretera que le sería más útil y sin un muelle digno del turismo, el observador pasa a lamentar el vacío de planificación y prioridades que a veces muestra el Estado. Es poco lo que por sí mismo hacen los ayuntamientos por sus comunidades, incluyendo la sabanalamarina tenida a menos.
El estar tan fuera de la gracia del poder es más cruel todavía. La alcaldesa a cargo, Aurora Saldaña Rosario, sostiene que a pesar de sus precariedades, otros organismos públicos que no dependen directamente de ella, reciben del cabildo auxilios para sus problemas: la Marina, la Policía el hospital y las iglesias. Bien por usted, Aurora, al mal tiempo buena cara y mejores acciones.