Digna senectud

Eusebio Rivera Almodóvar

El 2017 se hizo viejo y fue sustituido por el neonato 2018. Gracias al Gran Arquitecto del Universo por permitirnos ver llegar al 2018. Antes de la muerte, lo natural es que lleguemos a la vejez, pero, como mi querida madre QEPD, muchas personas se resisten a confesarse viejas. Por ejemplo, ella dejó de ir a un culto religioso porque allí se juntaban muchos viejos y no se sentía halagada cuando alguien le decía “mi vieja”. Más jocoso aún: Algunas colegas en mi hospital continuaban haciendo guardias de 24 horas, sin acatar el reglamento laboral de retirarse de esos deberes a los 50 años, para que sus compañeros de labores no supieran que pasaban del medio siglo de edad. Sin embargo, teníamos una profesora que era (y tal vez sigue siendo) el símbolo de una vejez digna y sin limitaciones, que más de una vez fue colocada en lista de pensionados y no lo aceptó porque alegaba que aún tenía fuerzas para trabajar y bailar merengues como cualquier jovencita. Con ella de inspiración escribí en 1999 el siguiente poema titulado “Hermosa” que me permito compartir con ustedes a propósito de la llegada de un nuevo año: “Esa sonrisa inmotivada, ese derrame de bondades, esa comprensión ilimitada, esa paz de los sentidos, ese andar pausado, ese consejo de genio fecundo y esa energía de carácter, te hacen gloriosa. Tienes la inocencia, la delicadeza y lentitud de movimientos, el candor sublime y la ternura sin límites de la niñez……y eso te hace hermosa. En fin, eres el último trayecto de un precioso camino con regalos de todas las épocas; eres maravillosa, eres conmovedora; ¡Oh, inevitable amiga, llamada vejez!”