Dilemas y dificultades de Antanas Mockus

En el contexto de una magna presentación, realizada simultáneamente en varias salas de cine, en vivo y tele-transmitida, padecimos una exposición algo lamentable.

Antanas Mockus es un verdadero triunfador en lo que se refiere a la transformación de la cultura cívica de los bogotanos durante su alcaldía, particularmente en cuanto a los cambios de hábitos de conductores y peatones, haciendo uso de ingeniosas y creativas tácticas motivacionales, con la intervención de actores mímicos, que con gestos, musarañas y morisquetas, estimulaban o censuraban, las conductas de los usuarios de las vías públicas. Mockus, además, logró reducir el consumo dispendioso de agua y de electricidad en los hogares, así como la tasa de delitos de Bogotá.

En los cines de Blue Mall, nuestro héroe, desde el primer momento declaró sentirse incómodo ante una sala a oscuras, sobre un escenario excesivamente iluminado, privado de la interacción y contacto visual con el público. Constantemente se interrumpía, cambiaba de tema, no pudiendo presentar coherentemente su tesis y argumentaciones.

Pero Antanas pareció tener un problema de fondo mucho más serio. En casi todo el discurso, sin contextualizar debidamente, introducía el tema de la religión, sin darnos un mensaje claro en ese respecto. Hablaba de los valores, se interrumpía, incoherente, y se excusaba, para referirse al tema religioso sin lograr establecer proposición o conclusión alguna. El hombre parecía atrapado en el dilema que suele presentársele a muchas personas con buena formación intelectual que no han puesto en orden la vinculación entre los valores, sus creencias religiosas, y todas las dudas que la pos modernidad actual tiende a insuflar a intelectuales y diletantes creyentes. Personalmente, sentí que él temía o dudaba sobre qué decir acerca de la relación de los valores y la fe cristiana. Como si quisiera afirmar que sin Dios no hay valores verdaderos, que lo demás es ficticio, aunque con ciertas tácticas se puedan cambiar determinadas conductas.

Presentó varios esquemas de gran interés, conocidos por los psicólogos behavioristas, algunos casi de sentido común. Como que para el Gobierno la persuasión suele ser menos costosa que la coerción.

Manuel Maceira, en reciente conferencia dictada en UNAPEC, propuso un conjunto de valores prácticos sobre los cuales podríamos desarrollar una cultura ciudadana sin tener creencia o fe religiosa alguna: La vida, la justicia, el orden, la convivencia, por ejemplo. Contrario a eso, creo que ese pragmatismo fracasa a la hora de la verdad, cuando la conveniencia individual de los no creyentes, los lleva a convencerse de que la pérdida de los otros, incluso su desaparición, es lo que les conviene.

Sin Dios no hay valores, sino conveniencias personales, aún sea de mayorías. Insistir en hablarle a la población excluida acerca de valores, sin que las élites den muestras de sincero apego a los mismos, es perder el tiempo. El temor al qué dirán, la vergüenza o el sentido de culpa podrán manipularse con técnicas conductivistas. Pero cuando el engaño es la base de una sociedad, y la gente lo sabe, las campañas de medias tintas solamente servirán para figureos mediáticos.