Director Santy Rodríguez en un concierto para recordar

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Este concierto bajo la dirección del director residente de nuestra Orquesta Sinfónica Nacional, Santy Rodríguez, debió presentarse el pasado mes, pero debido a la amenaza de un huracán hubo de ser suspendido; finalmente fue presentado el pasado miércoles en el Teatro Nacional, constituyendo un cierre espectacular de la Temporada Sinfónica 2017, por la eficiente dirección y la participación del joven clarinetista Juan Esteban Martínez.
Luego de la entrada del director y la cordial bienvenida, las luces se apagan, la orquesta se envuelve en un ambiente fantasmal, se escuchan ruidos subterráneos, zumbidos y silbidos, la atmósfera de las escenas espectrales es lograda plenamente, escuchamos el poema sinfónico de Modest Mussorgsky, “Una noche en el monte Pelado” -Noche de San Juan en el Monte Calvo- en la versión de Rimsky-Korsakov de 1866.

El ostinato aterrador de las cuerdas y el chelo inician el episodio, Reunión de brujas, con sus comadreos, las flautas y oboes son como gritos que llegan desde la montaña. Otros episodios son: Cortejo de Satán, Glorificación maléfica de Satán y Danza sabatina de las brujas.

Pero el final se torna poético, un toque de campanas lejanas ahuyenta las brujas y fantasmas; el sonido del arpa y el clarinete insinúan el triunfo de la luz. La orquesta, poseída, produjo música de calidad al conjuro de la eficiente batuta de Santy Rodríguez.
Un esperado momento sin duda era la participación de la joven clarinetista Darnely González, quien interpretaría el concierto de Aaron Copland, pero por motivos atendibles no pudo presentarse; en su lugar se presentó el joven clarinetista Juan Esteban Martínez, interpretando el concierto para clarinete y orquesta Op. 57 del compositor danés Carl Nielsen.

Sabiendo anticipadamente que se produciría el cambio, decidimos escuchar por primera vez y vía Internet este concierto, para de alguna manera tener una referencia cuando lo escucháramos en el Teatro Nacional Eduardo Brito. Pero la música en vivo tiene un poder fascinante, y poco a poco el exquisito sonido del clarinete fue conquistando nuestros sentidos.

Compuesto de un solo movimiento, se identifican 4 secciones sinfónicas, que inician en un Allegretto impetuoso de las cuerdas graves, que luego desarrolla el instrumento solista. En el Poco Adagio, el corno y los fagotes presentan una larga melodía, que interrumpe el redoblante, el clarinete en registro agudo retoma el tema inicial, cerrando esta parte, en este momento tenemos la sensación de escuchar a un joven muy dotado, pero esto era solo el principio.

Un nuevo tema Allegro non troppo a cargo de los violines, es seguido por las agitadas síncopas del clarinete, y en una cadencia virtuosa y expresiva, el solista consigue un sonido espectacular.
Finalmente en el Allegro vivace el redoblante no cesa su accionar, es un duelo, pero el clarinete se impone triunfante en esta peculiar y demandante obra del repertorio concertante del clarinete.
Juan Esteban Martínez logra una empatía tal con su instrumento que se fusionan como un solo personaje. Su dominio de la técnica se manifiesta en el fraseo y en la claridad en los pasajes de esta partitura compleja, difícil, para el solista. Tenemos la impresión que hemos presenciado el nacimiento de una nueva estrella, el tiempo, su pasión y perseverancia, así lo demostrarán.
El público compartió nuestra impresión aplaudiendo emocionado, puesto de pie, y entonces, Juan Esteban agradece y complace con un encoré interpretando la hermosa pieza “Homenaje a Falla” del compositor y clarinetista húngaro Béla Kóvacs. El director consigue conciliar el tutti orquestal y solista en un todo formidable.
La noche musical cierra con la “Sinfonía del Nuevo Mundo” Op.95 del compositor de la hoy República Checa, Antonin Dvorák. Cuatrocientos años después, Dvorak descubre un “Nuevo Mundo”, hablando en términos musicales, y se inspira en aires folclóricos específicamente norteamericanos; el primer movimiento Adagio-Allegro molto, es una especie de elegía, y en el segundo tema introducido por las flautas, la cultura popular norteamericana se hace evidente, nos remiten al histórico espiritual afroamericano, Swing Low, Sweet Chariot.

En los siguientes movimientos: Largo y Scherzo, hay música de gran ternura, algunos momentos nos conectan con danzas rituales de los aborígenes, y la coda es una lucha entre los temas principales, siendo una peculiaridad de esta obra, la forma cíclica utilizada para retomar temas anteriores.

El Allegro con fuoco es una apoteosis, un final vibrante; el director, con gestualidad atrayente, pauta, y la orquesta responde cada singularidad sonora.
Santy Rodríguez emerge como un nuevo valor dominicano, en la dirección sinfónica.


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