Doble moral o dualismo de actitudes

teofilo-quico-tabar

En ocasiones escuchamos por diferentes vías a políticos, comentaristas y gente común, hablando acerca de la doble moral. Y aunque algunas de esas manifestaciones hayan podido producirse por situaciones específicas o particulares, pienso que vale la pena refrescar las memorias con algunos aspectos sobre un tema de tanta importancia.
Nuestras sociedades han estado sometidas a lo largo de su historia, a una serie de situaciones que las han mantenido sumergidas dentro la complejidad del dualismo, de la confrontación de las principales esferas de poder y a nivel de estructuras sociales. A ellas se les ha sumado, como factor que incrementa la complejidad, el dualismo de creencias y valores de índole individual, que a su vez produce, en el plano social, un dualismo de actitudes y comportamientos.
Ese dualismo de actitudes y comportamientos ha dado paso, según algunos estudiosos, a tres dualismos: el político legitimador, derivado de la relación entre los Estados, las esferas de poder económico y las iglesias; el valorativo, derivado del mestizaje cultural; y el de actitudes prácticas que se reflejan en los comportamientos que constituyen lo que se denomina como doble moral. O sea, la capacidad de actuar en un sentido o en otro, según sea el área valorativa que se asuma como justificación del comportamiento.
Los resultados de la doble moral, como característica inherente a la manera de actuar de determinados grupos de poder, sin lugar a dudas han influenciado en una parte considerable de la sociedad. Convirtiéndose en obstáculo para el funcionamiento de la sociedad, y una de las causas más profundas de los problemas sociales y de la incapacidad de casi todos nuestros pueblos para superar los niveles de pobreza, para construir democracias eficientes, y para practicar sanas economías.
Porque toda moral implica valoración ética; es decir, implica el principio de lo bueno y de lo malo. Dentro de la moral tradicional de nuestros pueblos, la autoridad viene de Dios y es buena por principio. Pero como dicha autoridad corresponde al área de los valores, cuando quienes la predican no se enmarcan dentro de los principios enseñados, se crea una resistencia y hasta un rechazo a dicha autoridad.
Como consecuencia se podría afirmar que en lo más profundo de las conciencias populares, hay cierto rechazo a la autoridad, lo que impide un ordenamiento social adecuado. Al mismo tiempo se acentúan los procedimientos formalistas que multiplican indefinidamente leyes, decretos y reglamentos que no se cumplen. Se crean comisiones por encima de las leyes. Se institucionaliza el conflicto como sistema de relación social. El Estado se torna menos eficiente. La economía progresa en cifras, pero no para los niveles populares. Casi nadie cumple su palabra, y nadie confía en alguien. El dualismo explica, por qué la ley escrita, los principios de ordenamiento de la sociedad y las relaciones de carácter formal y funcional, son súper estructuras con las cuales convive el individuo, pero que no tienen valor real como principio último de ordenamiento. Como consecuencia, se producen contradicciones, conflictos y pérdida de energías. Lo que algunos llaman: Doble Moral.


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