Dólar débil es útil para los mercados emergentes

S. Sivabalan, S. Gokoluk, B. Bartenstein y Yumi Teso.

Hay un aire de alegría por la desgracia ajena entre los mercados emergentes en los últimos tiempos en tanto el dólar se negocia a su nivel más bajo en tres años. Pero para una minoría de economistas y administradores de dinero existen crecientes motivos de preocupación.
Cuando el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Steve Mnuchin, indicó su preferencia por un dólar más débil la semana pasada, una medición de las monedas de países en vías de desarrollo subió a un nivel récord y alcanzó su mejor principio de año desde 2012. La consecuencia lógica es que la moneda estadounidense más débil mejorará el poder adquisitivo de los mercados emergentes, lo que reducirá los costos del servicio de deuda y aumentará los retornos de los inversores globales.

Pero no todo será caviar y champaña, dicen algunos comentaristas.
Commerzbank AG advirtió la semana pasada que una declinación rápida y sustancial del dólar estadounidense podría en realidad afectar a los países en vías de desarrollo al perjudicar la competitividad de sus exportaciones, algo que ya critica el gobierno de Donald Trump. También podría castigar a los países que importan más de lo que exportan al elevar los precios del petróleo y los productos primarios.

“El verdadero impacto económico de un dólar muy débil es negativo”, dijo Tatha Ghose, un economista de mercados emergentes de Commerzbank en Londres. “Significa que el poder adquisitivo de EE.UU. es menor, y en términos reales las exportaciones de los mercados emergentes en su conjunto se verán afectadas”.

No es que los actores del mercado estén esperando un derrumbe del dólar en cualquier momento, pero para una creciente cantidad de ellos la agenda proteccionista de Trump basta para introducir la idea.

Entre las cosas que podrían pasar en los mercados emergentes si el dólar continúa depreciándose, la inflación merece una mención especial. Un derrumbe de la moneda estadounidense haría subir los costos de las materias primas, lo que elevaría la inflación y socavaría los esfuerzos de los bancos centrales de los países en vías de desarrollo por impulsar el crecimiento mediante tasas de interés más bajas.

El crecimiento de los precios al consumidor en los países en vías de desarrollo ha declinado alrededor de dos tercios desde la crisis financiera de 2008, a un promedio de alrededor de 3 por ciento.

Si bien las monedas locales fuertes compensarían parte de los incrementos de los precios de los productos primarios, a los grandes compradores de materias primas, desde Turquía hasta India, podría costarles absorber la diferencia y terminarían por importar inflación.


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