Don Pedro Suárez y la Navidad

Don Pedro es médico oftalmólogo, con historial de aproximadamente tres décadas de servicio en el hospital Luis E. Aybar (Morgan) y varios lustros de práctica privada, forzosamente retirado de su vida profesional. Es un ser humano con características en vías de extinción en nuestra sociedad y el mundo: Sincero, honesto, fiel y solidario con todo el que se le acerca, incapaz hasta lo indecible de hacer daño a alguien y con una filosofía de vida que le hace bromear hasta con su propia desgracia.

Hace un par de meses, mientras conversábamos por teléfono, me preguntó si yo sabía lo que era una “bicicleta” y le dije que sí, a lo cual me contestó que no era lo que yo pensaba, sino un plátano con dos ruedas de salchichón que vendían en una esquina y donde había también “triciclo”, “carro” y “alas de pollo verde”, que era el mismo plátano con tres o cuatro ruedas de salchichón y dos tajadas de aguacate.

En una ocasión que regresábamos de una visita a San Pedro de Macorís, tratando de que bajara la velocidad de mi vehículo, me dijo: “Aguanta Rivera que en el Darío no hay camas”.

Don Pedro fue obligado a retirarse hace varios años por un cáncer cuya cirugía se complicó con septicemia y anemia graves que lo llevaron a una insuficiencia renal que lo mantiene dializándose, pero su espíritu no ha cambiado y creo que su especial temperamento le ha permitido combatir con éxito su enfermedad.

La Navidad es tiempo de amor, paz y sonrisas, como esas que ingeniosamente nos prodiga el hermano-amigo Pedro Suárez. Que Dios lo siga protegiendo.

 


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