Doña Ivelisse celebra el privilegio de vivir apegada a sus principios

07_08_2018 HOY_MARTES_070818_ El País12 B

Entre libros e intelectuales nació y se crío Ivelisse Prats de Pérez, una educadora y revolucionaria por convicción, que llega a los 87 años luchando, porque la lucha es la fuerza que la mantiene viva.
En medio de ese ambiente intelectual desarrolló su vocación por el magisterio y su gran pasión por los libros.
Cuenta que su padre, Francisco Prats Ramírez (Panchito), mantenía la casa inundada de libros, incluyendo la cama matrimonial, y no dejaba espacio para otra cosa que no fueran obras y literatura.
Aunque su madre, Consuelo Martínez, compartía la vida intelectual con su marido, con el tiempo la situación comenzó a cansarle al punto de amenazar al esposo con el divorcio.
Su casa siempre estuvo rodeada por intelectuales como Pedro Mir; Gustavo Adolfo Mejía Ricart, el papá de Tirso Mejía Ricart; el poeta Fabio Fiallo y todos los exiliados españoles que llegaron al país.
Pese a no entender muchas cosas de las que se debatían en las tertulias que se desarrollaban en la intimidad de su hogar, la conciencia social comenzó a florecer en su interior.
“Crecí en un hogar muy especial, con toda libertad. Nunca se me inculcaron limitaciones por el hecho de ser mujer. Crecí con el sentido de la igualdad de género”, expresó durante la entrevista a este diario.
Una mujer fuerte. En su infancia los pronósticos médicos decían que no tendría una vida normal por el asma y otras afecciones. Pero ella nunca se amilanó, sino que la hizo una mujer fuerte.
“Todos pensaron que no podría tener una vida normal, pero me sobrepuse a los pronósticos negativos y me aferré a la vida con voluntad férrea”, expresa.
Doña Ivelisse nació en 1931, a principios de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, cuando muchos de los intelectuales que compartieron con su familia fueron obligados a abandonar el país, aunque otros se quedaron y lucharon contra el régimen.
“En cambio, otros como mi padre, después de diez años siendo opositor del régimen, claudicó”, cuenta con pesar.
Sin embargó, expresa que su padre nunca persiguió a nadie, era un hombre con una honestidad sin igual que fue puesta a prueba con la muerte de Trujillo.
Pese a las persecuciones, muertes y secuestros que se vivían durante la dictadura, la exministra de Educación nunca se contaminó con el miedo, la sumisión o cobardía que reinaba en el país.
Sus inicios en la política. En los convulsos momentos que se vivieron en el país tras el ajusticiamiento de Trujillo inició su vida política, al inscribirse en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) el 26 de julio de 1962.
Relata que se inscribió en ese partido seducida por la prédica del profesor Juan Bosch. Pero cuando ese partido se dividió en 1973, de cuya ruptura surgió el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ella se quedó en el partido blanco bajo la guía del líder José Francisco Peña Gómez.
Con los años su militancia fue creciendo y le permitió ganarse espacios en los organismos de dirección del PRD:
En 1979 se convirtió en la primera mujer latina en ser seleccionada como presidenta de un partido, al ganar el puesto en una convención democrática y legítima, según señala.
Ese triunfo fue para ella muy merecido. “Porque todos los cargos que he tenido en mi vida han sido fruto del trabajo”.
“Yo fui una presidenta del partido que tuvo el honor de tener como secretario general a José Francisco Peña Gómez, que no era fácil tenerlo”, dice.
Doña Ivelisse narra que el dirigente político entendió que ella era la presidenta, y siempre le brindó su apoyo en cada una de las decisiones que tomó.
Asimismo expresó que, pese al liderazgo que tenía Peña Gómez, que sobrepasaba incluso a los presidentes de la República, él supo darle su lugar.
“Esa es la historia y no se pude cambiar, fui presidenta del partido que trajo la democracia al país, ahí esta mi foto y no la pienso quitar como algunos han hecho”, expresó.
Ella supo unir la política con su vocación de maestra, y desde todas las instancias públicas defendió la educación con voluntad.
Como diputada por el PRD, de 1978 a 1982, y luego de 1998 hasta el 2002, presidió la Comisión Permanente de Educación, y otras comisiones como las de Trabajo y de Finanzas.
Del PRD al PRM. Actualmente doña Ivelisse milita en el Partido Revolucionario Moderno (PRM), una organización hacia donde migraron perredeístas disgustados con el camino que siguió el PRD en la presidencia de Miguel Vargas Maldonado.
Con nostalgia recuerda sus 50 años de militancia perredeísta, y confiesa que de vez en cuando se descubre diciendo PRD por PRM.
“Esas tres letras encierran cinco décadas de militancia y dirigencia de base del partido blanco, en la que tuve que superar múltiples dificultades y contratiempos, incluso de salud, pero siempre presente”.
Como recompensa a su ardua labor política, se ha ganado el respeto, la admiración y el cariño de sus compañeros de partido, así como de dirigentes de otras organizaciones políticas y de las bases perredeístas, con las que mantiene contacto.
Sus aportes a la educación. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP), que se fundó en 1970, fue la plataforma mediante la cual doña Ivelisse luchó por los derechos de la clase magisterial.
Explica que el gremio surgió como reacción a una actuación incorrecta de la Federación Nacional de Maestros (Fenama), la primera federación de maestros que se creó después de la muerte de Trujillo, pero que apoyó el golpe de Estado contra Bosch.
“Había una frustración del magisterio porque se sintieron traicionados por parte de la federación”, dice al destacar que a esa situación se sumaban los bajos salarios, el descuido de la educación y el cierre de la universidad estatal.
Todo ese disgusto se mezcló con la violación de los derechos humanos del primer gobierno de Joaquín Balaguer (1966-78).
Describe que en el proceso de organización de la ADP mataban profesores, y los perseguían de manera brutal.
En esa situación emergió la ADP para hacer frente a la lucha y defender los derechos de los maestros.
Así se convirtió en la primera presidenta del gremio en 1970. Su mayor conquista fue el seguro médico para los profesores.
Pero sus actividades educativas traspasaron los límites de la educación básica, pues ingresó a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con la llegada del Movimiento Renovador.
Allí dirigió el departamento de Pedagogía, fue decana y vicedecana de la Facultad de Humanidades de esa academia.
Fundó el Liceo Experimental Amelia Ricart Calventi.
En el 1982 asumió el ministerio de Educación, en el gobierno de Salvador Jorge Blanco.
Reconocimientos. Doña Ivelisse ha recibió múltiples reconocimientos a lo largo de su trayectoria: la Orden de Andrés Bello en Venezuela, la Medalla de Honor del Maestro Pedro Henríquez Ureña, Medalla al Mérito de la Mujer, la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Gran Cruz Paca de Plata, Medalla al Mérito Ayuntamiento del Distrito Nacional; Botón de Oro Paúl Harris, la Medalla de reconocimiento al servicio de la educación, entre otros.