Dos batallas gemelas

Diría un poeta, qué rápidos pasan los años, como rápidas pasan las nubes por los caminos de los anchos cielos. Y ello es que desde el 22 de diciembre del 1855 han pasado ya 148 años. Tal así y como suena, ciento cuarenta y ocho años han transcurrido desde el día memorable en que las armas de Quisqueya celebraron pacto con la gloria y ganaron para la causa de la libertad dominicana, la batalla de Santomé en los pajonales de San Juan de la Maguana y la Cambronal en las proximidades de San Bartolomé de Neiba.[tend]

Hablaremos primero de Santomé, que tuvo por héroe máximo a José María Cabral y Luna. Este hombre de reciedumbre espartana, empuñó las armas en el mismo 1844 cuando nació la república. Y al año, en el 1845, peleó como coronel en la batalla de La Estrelleta. Y algo notable resulta, además, que cuando en el 1857 el gobierno decidió mandar a buscar prisionero al levantisco general Pedro Santana, fue a Cabral que se le encomendó dicha misión, la cual supo realizar a carta cabal.

Ahora someramente hablemos de Santomé, acción librada el 22 de diciembre de 1855. A finales del ya mencionado año de 1855, el emperador de Haití Soulouque (alias) Faustino I, cruzó nuestra frontera acompañado de jefes como Geffrard, Victor, Joseph, Voltaire, Castor, Therlonge y Antonine Pierre llamado (El Duque de Tiburón).

El ejército dominicano comandado por el general Juan Contreras tenía como jefe de la vanguardia al general José María Cabral. Pedro Santana tenía su cuartel general establecido en Azua y desde esa ciudad le envió un comunicado al general Cabral que operaba entre Las Matas de Farfán y San Juan de la Maguana. En uno de sus partes el mensaje de Santana a Cabral rezaba así: “Ay de usted general, si los caballos de los haitianos beben de las aguas del río de San Juan”

El día de la batalla de Santomé se encontraban junto a Cabral generales dueños de una proverbial valentía, tales como aniceto Martínez, Bernardino Pérez y al frente de la caballería de Baní, el general Modesto Díaz, que peleando después en Cuba, ofrendó su vida en aras de la libertad de aquella isla hermana.

La verdad tiene que ser dicha y llegó un momento en que en la sabana se Santomé la batalla estaba indecisa…cundía la vacilación. Las cosas llegaron a tal extremo que el general Bernardino Pérez ordenó tocar retirada; pero el sargento de tambores Julián Belis se hizo el desentendido, se hizo el desobediente y tocó: “Fuego y ataque”. El general Cabral soberbio, montó en el potro de la ira, quizás para inmolarse; con el sable desenvainado marchó solo sobre los invasores y entonces el haitiano apodado “El Duque de Tiburón”, hizo lo mismo y sable en la diestra marchó sobre Cabral. Y se enfrentaron los dos jefes. Y más que dos hombres parecían dos centauros. Peleaban en combate singular, cuerpo a cuerpo. Y Cabral de un tremendo mandoblazo le cercenó la cabeza a su contendor. Frente a este suceso se enardecieron los dominicanos y se desmoralizaron los enemigos. El triunfo correspondió a las armas de Quisqueya; pero los contendores supieron desplegar coraje y gran valentía.

Creemos adecuado el título de “Santomé y Cambronal: Dos batallas gemelas. En Cambronal aparece el nombre del general Francisco Sosa. El era venezolano y en abril de 1849 derrotó junto con Antonio Duvergé a los haitianos en El Número.

Ahora aparece de nuevo el nombre del venezolano Francisco Sosa.

Mientras tanto digamos que del mismo modo que en la batalla de Santomé el día 22 de diciembre de 1855 perdió la vida el jefe haitiano Duque de Tiburón, en la batalla de diciembre de 1855 perdió la vida el jefe haitiano Duque de Tiburón, en la batalla de Cambronal el 22 de diciembre de 1855 perdió también la vida el jefe haitiano Pierre Rivere Garat (El Duque de Leogane). Son coincidencias de esa fuerza misteriosa que llaman “el destino”.

Se cuenta que para cortarle el paso al general invasor Garat (El Duque de Leogane); en Barrancas, margen oriental del río Yaque del Sur, bien plantado se encontraba el general Francisco Sosa, un bravo venezolano que combatía a favor de los dominicanos.

Cuenta la historia del Sur con voces de muy buenas fuentes, que con mucha confianza y con aires de valientes neibero, el coronel de Sena respetuosamente se acercó al general venezolano Francisco de Sosa, y bien cuadrado en atención y con voz de mucho aplomo dijo el neibero: “General Francisco Sosa, nosotros bastamos para defender a nuestro pueblo en contra de los haitianos. Por favor general Sosa, aguárdese usted aquí con los refuerzos que mandó el Presidente. Pues queremos nosotros que la primera tajada sea de los neiberos”.

El general Francisco Sosa fue el hombre que el 17 de abril de 1849 después del triunfo de El Número recibió el mando de las tropas vencedoras. Entrega que voluntamente le hizo Antonio Duvergé (El Centinela de la Frontera).

El general Francisco Sosa hombre de reconocido valor, se decidió a complacer el orgullo regionalista del coronel Lorenzo de Sena. Entonces el coronel de Sena seleccionando unos quinientos o seiscientos hombres, se dirigió pleno de confianza a Cambronal a esperar las hordas de Garat (El Duque de Leogane).

En honor a la verdad hay que decir que el Batallón de Neiba por lo aguerrido se parecía al Batallón de Dajabón de los tiempos del legendario Marcelo Carrasco.

Marcelo Carrasco fue el padre de otro valiente guerrero de la Línea Noroeste. Este tuvo por nombre el de Calasanz Carrasco. Y a manera de chiste y verdad evocamos que un día el general José Arismendy Trujillo frente por frentes a doña Angélica Félix Carrasco, le dijo tal vez por disminuirla en algo: “Esta mujer debe de ser loca”. Y para asombro de los circunstantes, doña Ninina con ojos de una fakiresa, lo que respondió a ese tremendazo personaje: “¡Loca no. Yo lo que soy es nieta del General Calasanz Carrasco”. Ese día, ese fue el comentario. Algunos decían: “Nina es bruja con la mirada dominó el hombre ese”.