¿Dos bombas silenciosas o silenciadas?

Eusebio Rivera Almodóvar

La expresión “el pueblo ha perdido su capacidad de asombro” se ha popularizado para justificar la pasividad con que se reciben noticias que deberían conmocionar la opinión pública. Particularmente me parece razonable el planteamiento de algunos, en el sentido de que una noticia tremebunda tumba otra del tapete y así se repiten acontecimientos muy relevantes que rápidamente se convierten en historia cuando los cuerpos de las víctimas todavía están “calientes”. También la sobre-reiteración de un tema hasta saturar a la población, debilita el interés colectivo y se asume que pasó de moda, como ha sucedido con los muertos del clerén, cuyo caso fue investigado sin resultados porque los responsables no han sido identificados ni sometidos a la justicia, como si los fallecidos hubiesen sido 16 alimañas y no seres humanos y los culpables fantasmas fronterizos sin domicilio fijo.
La otra bomba es el tema de Odebrecht que recientemente ha tenido connotaciones explosivas que en nuestro país no ha repercutido ni siquiera con el poder de una pistolita de mito o, ¿me van a decir que la liberación negociada de Fujimori, el fallido intento de destitución al presidente peruano Pedro Pablo Kuczinski, el apresamiento del ex presidente Ollanta Humala y su esposa, orden de captura contra el ex presidente Alejandro Toledo, condena al vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas y los líos “odebríchticos” en Brasil, con ex presidentes a la cabeza, no importan ni reportan nada para los dominicanos? siendo realmente informaciones que no permitirían dormir tranquilos a grandes personajes de nuestro folklor político a quienes delatan las grandes ojeras post insomnio, aparte de exacerbarles sus signos de alergia a los medios de comunicación.


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