Dos madrugadas y una jornada científica

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Era una tarde primaveral de 2018 cuando volábamos por sobre el mar Caribe rumbo a Centroamérica. La primera escala sería en el aeropuerto Tocumen, ciudad de Panamá. De allí partiríamos hasta el aeropuerto Aurora, ciudad de Guatemala. Luego de un total de cuatro horas volando, andaríamos por tierra unos 45 kilómetros, siendo nuestro destino final la ciudad Santiago de los Caballeros de Guatemala, hoy conocida como Antigua. Era nuestra segunda visita a este lugar histórico declarado por la UNESCO en 1979 como patrimonio de la humanidad. Tras un obligado descanso nocturno nos pusimos de pié temprano en la madrugada sabatina, dispuesto a caminar el poblado armado con una cámara fotográfica. De inicio, testigos fueron uno que otro perro realengo que nos miraban con recelo lanzando ladridos de alarma. También escuchábamos el trinar extraño de aves desconocidas quizás anunciando la impresionante llegada de la aurora. Nuestra brújula era el Volcán de Agua y el objetivo central las ruinas de los edificios medievales con preservadas características barrocas. Sin proponérmelo, la mente volaba sobre el Atlántico para aterrizar en la Europa precolombina, más específicamente en la Roma católica y la España de la edad media. No hubo incertidumbre, ni temor, ni inseguridad y sí mucha curiosidad y afán de documentar fotográficamente aquel tesoro arquitectónico de conventos, iglesias y parques que reviven el palio encéfalo y alimentan la neo corteza. Tres horas y media de pausado recorrido constituirían la primera fase contemplativa citadina, a completarse con igual espacio de tiempo y esmerada dedicación en la alborada del domingo.
Todo el día del sábado 14 de abril de 2018 fue dedicado a un evento oncológico de investigación patrocinado por la casa farmacéutica Roche. Alrededor de una veintena de hombres y mujeres profesionales de la medicina, dedicados al cuidado de pacientes diagnosticados con una variante poco común del ahora muy frecuente adenocarcinoma de pulmón, compartimos experiencias sobre el manejo de esta compleja y grave entidad. Hablamos de los logros y de los fracasos, de conocido y del mundo incógnito por saber, cargado de oportunidades. Socializamos en conjunto durante el almuerzo y la cena teniendo siempre en el centro de la diana a los enfermos de esta seria y catastrófica dolencia.
Fue interesante comprobar la coincidencia de propósitos y el deseo de cooperación entre colegas argentinos, mexicanos, panameños, costarricenses, cubanos, dominicanos y guatemaltecos, poniendo énfasis en lo valedero, provechoso y ventajoso del manejo en equipo multidisciplinario de las personas que sufren este tipo de mal.
Se resaltó el rol nocivo del tabaco en la génesis del cáncer pulmonar, amén de la importancia de la detección temprana, así como el diagnóstico correcto y preciso de las distintas variedades de esta neoplasia. Hablar de carcinoma de pulmón en el año 2018, sin hacer referencia al subtipo, es como anunciar un peligro de vida en la selva sin especificar si la víctima se enfrenta a una serpiente venenosa, un león hambriento, una boa, un cocodrilo, o quizás a una hiena rabiosa. La posibilidad de salvación depende no solamente de la especie atacante, sino además de qué tan alejado o cercano al animal nos encontramos, pero también es sumamente importante saber qué tan temprano hemos avisado el agresor y el tipo de arma efectiva con que contamos.
La guerra contra el cáncer la ganaremos mediante la prevención, detección precoz, diagnóstico preciso y manejo multidisciplinario del paciente.


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