DOS MUJERES, DOS MADRES, DOS HISTORIAS

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Para Miriam Nadal de Jones, una madre que procreó nueve hijos, toda su vida ha girado en torno a ellos.
Su mejor profesión, según sus propias palabras, es ser madre. Y no se arrepiente de haber dejado su trabajo y estudios para estar pendiente de cada paso, alegría, tristeza o logro de sus criaturas, que hoy ya son hombres y mujeres, y algunos incluso le han dado nietos.
Esta madre, cuyas palabras reflejan abnegación, señala que cuando contrajo matrimonio con el político Johnny Jones, nunca planeó formar una gran familia.
“Tener tantos hijos ha sido una gran bendición. Siempre me gustaron los niños. Mis padres me tuvieron cuando eran muy adultos, entonces yo era una especie de hija-nieta; mis hermanos eran mucho mayores que yo. Como ellos eran grandes, yo no tenía con quién jugar, por eso siempre vivía cargando los bebés de los vecinos… desde niña fui muy maternal”, recuerda.
Revela que tuvo nueve partos, de los cuales solo el primero fue con cesárea. “A partir de ahí tuve mis ocho hijos restantes de manera natural”.
De sus nueve vástagos, a Miriam le quedan ocho, pues la menor, a quien llamó Lucía María, falleció con apenas 18 días de nacida.
Ella revela que su mayor orgullo es ver a sus retoños convertidos en hombres y mujeres de bien.
“De mis ocho vástagos, todos, menos la menor, son profesionales y trabajan. Con sus personalidades tan auténticas, cada uno me ha enseñado a ser más mujer, solidaria, tolerante… mejor persona”. PASE PAG. 4

 

Con una sonrisa en su rostro, pese al calor que se percibía, Érika Féliz nos recibe en su humilde vivienda, ubicada en el sector La Agustinita de Cristo Rey.
Aquí se crió. Su padre la trajo a la capital desde San Juan de la Maguana cuando apenas era una bebé de meses. Érika nos cuenta una historia de heroicidad vivida al fragor de la crianza de sus diez hijos, de cinco padres diferentes, a los que ha tenido que levantar sola.
La vivienda donde los ha criado es de un solo dormitorio -sin puertas-, de modo que la privacidad la reguarda apenas una cortina. Una angosta sala que da continuidad al área que funge como cocina, completa la casa, que aún conserva el color gris del block crudo y el techo de zinc.
Pese a esta realidad, en este hogar se respira una felicidad y un respeto que se perciben de entrada.
Al llegar a la casa de Érika en la Calle del Zoológico, de La Agustinita, nos esperaban nueve de sus hijos, solo el tercero de los diez no pudo estar en la entrevista.
Érika es oriunda de San Juan de la Maguana y, según nos contó, fue abandonada por su madre, por lo que su padre, José Féliz, la trajo a la ciudad a vivir con su madrastra cuando apenas tenía unos meses.
“Mi niñez no fue fácil. A pesar de que la señora de mi padre no tenía hijos con él, a mí nunca me dio cariño, me trataba muy mal”.
Érika se casó a los veinte años, y a los 21 tuvo su primogénito, Ju nior José, continuando la maternidad con intervalos de un año con los primeros tres, y de ahí de de dos y tres años para los seis partos posteriores.
En el transcurrir de su vida, desde antes de casarse y mayormente después de iniciar la maternidad, Érika ha trabajado en diferentes oficios, desde servicios domésticos en casas de familia hasta alfabetizando niños, lo cual hacía en su casa. También fue cajera y trabajó en la administración de un salón de belleza, oficios que aprendió de manera empírica. Actualmente trabaja en el salón de belleza Bellypso en Arroyo Hondo.
Su prole. Junior José, 21 años; Laura Elizabeth, 20; Carlos Daniel, 19; Rodrigo Adrán, 15; María Camila, 13; Ana Paula, 12; Edward Alejandro, 9; Miguel Francisco, 7; Maya Sofía, 6, y Erick Junior, 4 años.
“Mis hijos son mi responsabilidad, ellos no me pidieron que los trajera al mundo, son parte de mi vida, por eso los estoy formando como personas de bien para la sociedad”, dice Érika. PASE PAG. 4


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