EEUU atrajo a China contra la URSS y ahora la empuja hacia Rusia

La evolución de la historia y el escenario mundial provocan a veces grandes paradojas geopolíticas, expresadas incluso de manera contradictoria. Las relaciones internacionales son una ciencia con sus leyes pero por su carácter social se manifiestan a través de la acción de los políticos que estén a cargo. En consecuencia, la capacidad de percepción y previsión aguda, más o menos inteligente y experimentada, incide en los acontecimientos políticos globales. Cuando los comunistas tomaron el poder en China en 1949 los EEUU, y el mundo detrás de ellos – con excepción de la URSS y allegados- siguieron reconociendo a Chiang Kai-shek, evacuado a la isla china de Formosa, como el único representante de China. Se le negó al gobierno de Beijing, entonces Pekín, ocupar el asiento correspondiente a China en la ONU y demás agencias intergubernamentales. La URSS de Stalin fue un soporte importante al gobierno comunista chino. A la muerte de éste los comunistas soviéticos iniciaron un proceso de crítica al estalinismo que fue interpretado por los chinos como una “revisión” del marxismo y comenzaron a encrisparse los vínculos bilaterales llegando al retiro de toda la asistencia militar y técnica soviética emplazada en China.
Aunque China empezó a desbrozar un camino de serias dificultades económicas, llegó a convertirse en potencia nuclear a partir de 1964. Frente al creciente deterioro de las relaciones con Moscú un avezado diplomático con aguda percepción geopolítica, Henry Kissinger, convenció al presidente Nixon de que debían atraer como amigo a quien había devenido como importante enemigo del principal y más peligroso adversario de Estados Unidos, la URSS. Vinieron los encuentros bilaterales y ante un interés estratégico supremo Washington vendió al gobierno instalado en Formosa a cambio de la “amistad” de China. Se expulsó al gobierno de ChiangKai–shek de la ONU y se convirtió entonces en “Taiwán”. EEUU se comprometió con el principio de una sola China.
La URSS y el mundo socialista europeo se evaporaron solos y despertado el “gigante chino” que había advertido Napoleón, China se ha convertido en un actor de primer orden en marcha acelerada hacia la cúspide global. El sector conservador recalcitrante estadounidense no lo concibe y pretende no permitirlo, lo que unido a una confrontación compleja con Rusia contribuye dinámicamente al abrazo afectuoso a los que antes quiso separar. Ya China y Rusia eran socios en el BRICS, junto a Brasil, India y Sudáfrica. Ahora han unido posiciones ante la guerra comercial, Beijing fue invitado recientemente a participar en la más grande maniobra militar jamás realizada por Rusia. China compró aviones de última generación a Rusia y EEUU, pretendiendo golpear a Rusia, dicen, sanciona a China. Xi ha calificado a Putin como un “gran amigo”. Los lazos estratégicos que, empujados por el gobierno Trump, están tejiendo China y Rusia van a profundizar la realidad de un nuevo escenario global.

La idiosincrasia y diplomacia china no es estridente, es pausada y advirtió a Washington de “serias consecuencias” y citó al embajador norteamericano a Cancillería. Veremos.