El 2017 debió haber sido mejor, pero pudo haber sido peor

teofilo-quico-tabar

Siempre recordaré algo que decía un sacerdote jesuita que guió espiritualmente parte de nuestra generación. Me refiero a cuando ocurría un acontecimiento o terminaba alguna tarea o jornada, pero sobre todo, en épocas como las de fin de año. Él siempre entendió, en función de la concepción humanista cristiana de la perfectibilidad, que todo se pudo haber hecho mejor y que cada día hay que hacer esfuerzos por mejorar lo que se hace, a pesar del sacrificio que ello implica. Sin embargo, siempre dejaba aunque fuese un pequeño espacio para la comprensión o resignación, cuando decía, sin embargo, pudo haber sido peor.
Al finalizar este año 2017, y sin la intención de hacer un recuento de los acontecimientos más importantes, sino más bien, resaltar lo dinámico y pleno de noticias y acciones, muchas de ellas vergonzosas y cargadas de negatividades, que algunos no querrán ni siquiera recordar, vale la pena imaginar, como decía él, que a pesar de todo, pudo haber sido peor.
Lo que debería ocurrir este fin de año, especialmente en las mentes de quienes tienen capacidad de influenciar en la sociedad, y con su accionar determinar en gran medida lo bueno o malo que ha sucedido, es reflexionar con sentimiento de humildad, sobre cuántas cosas pudieron hacerse mejor o se dejaron de hacer, y cuántas cosas no deberían repetirse jamás.
Siempre es bueno y aconsejable reflexionar acerca de esas cosas que pudieron hacerse mejor y no se hicieron, o las que debieron hacerse y no se realizaron. Pero más que lamentarlas y repetirlas como mea culpa, lo correcto sería, pensar cómo evitar en el futuro las malas acciones y como revertirlas para que se conviertan en positivas. Y me refiero a todos los sectores. Pero fundamentalmente a los que con su accionar contribuyen a mejorar o empeorar la situación del país.
El Gobierno y todos sus organismos públicos, y también a las instituciones privadas, de quienes depende en gran medida, o de una u otra forma, la situación positiva o negativa de las mayorías.
El año que termina, como todos los años, tendrá muchas formas de evaluarse. Para el Gobierno y los sectores que aumentaron su bienestar, será positivo; pero para otros, sobre todo la oposición y quienes vieron sus esperanzas languidecer, será negativo. Todo dependerá, en gran medida, de la óptica de quienes lo hagan.
Pero a pesar de lo positivo que diga el Gobierno y los beneficiados, y de lo negativo que entienda la oposición y los desventurados, lo importante es entender que el país es uno solo. Y la gente, no importa donde se ubique, de alguna forma se ve afectada por lo que no se haga bien, o se deje de hacer.
Porque, más que importarle a la gente de qué lado estén ubicados los actores, les preocupa cómo actúan. Pues la obligación de todo artista es hacer bien su papel, y que la obra termine bien. Porque todos somos espectadores de un espectáculo, que tampoco es gratis, sino bastante caro.


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