El ADN de Francis Caamaño

Mediante Ley No 4/13 se dispuso el traslado al Panteón de la Patria de los restos mortales del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, Presidente Constitucional de la República proclamado por el Congreso Nacional y líder principal del movimiento constitucionalista durante la guerra fratricida, convertida en Guerra Patria, de Abril del 1965.

Con esa disposición del Congreso y el Presidente se quiso, en justicia y derecho, reconocer el patriotismo, el coraje y la heroicidad del Coronel Caamaño que asumió el mando militar y político del movimiento popular que depuso al gobierno golpista del Triunvirato encabezado por Donald Reid Cabral y proclamó el retorno del Presidente Juan Bosch y la vigencia de la Constitución del 1963, la más democrática y progresista que reivindicara los derechos del pueblo dominicano y de la nación como Estado independiente, libre y soberano, irrestrictamente respetada durante el corto gobierno del profesor Bosch.

Interrumpido abruptamente ese proceso libertario y democrático y sus nobles ideales por el grotesco golpe de Estado del 1963 y luego por la funesta intervención armada del gobierno de los Estados Unidos y sus aliados fascistas, violadores de la Carta sustantiva de la OEA y de la ONU, en infeliz contubernio con el sector más retrogrado de la oligarquía criolla, dos veces derrotada: en las urnas, 1962, y por las armas del pueblo unido a los militares constitucionalistas, 1965.

Luchando por su libertad “con esas ganas de morirse que tienen estos pueblos… porque van muchos años y mucha sangre mezclada con sudores y atropellos, mucha mutilación y mucha infamia y demasiados ejércitos…” contra los que se rebeló, como un coloso de Rodas, Francisco Alberto Caamaño Deñó, para defender la dignidad de su patria herida y de sus hijos contra sus enemigos de adentro y de afuera, que no pudieron doblegar su carácter ni su ambición de ver a su patria “libre de toda dominación extranjera” y así “apagar la tea de la discordia” de la desigualdad y la injusticia.

Obligado a negociar una salida honrosa impuesta por la superioridad de la fuerza intervencionista invasora del imperio, nunca arrió la bandera de la dignidad nacional, pactando el Acta Institucional que devolvería la paz al pueblo y el respeto a los combatientes, nunca respetada, cometiéndose toda clase de tropelías, atropellos persecución y muerte durante el Gobierno Provisional y el nefasto periodo de los 12 años del Dr. Balaguer.

Extrañado de su patria y de su pueblo, pero no vencido, alzó su espíritu indómito y rebelde el compromiso de salvar a su pueblo de la miseria y de las garras opresoras del Dios dinero y de la guerra, de la corrupción y la fuerza bruta, no de la razón y del derecho.

Cobardemente asesinado en Nizaíto, con la rebeldía en su alma y en sus manos el fusil, qué importa si sus restos mortales fueron lanzados al mar, o si fueron calcinados sin dejar rastros o si se encontraron parte de ellos en las montañas de Quisqueya, qué importa. El ADN de Francis Caamaño está impreso en su patriotismo, en su heroicidad, en su dignidad y en el recuerdo de la Patria agradecida, qué importa lo demás.