El alma vuela en alas de la danza en Casa de Teatro

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Los coreógrafos Carlos Veitía e Isadora Bruno, con la producción de Ballet Concierto, presentaron en Casa de Teatro un espectáculo de danza ecléctico, bajo el sugestivo y apropiado nombre de “Alma”, y es que la danza metafóricamente enlaza el alma y el cuerpo, como torrente incontenible que emana de una fuente interior que transforma las vivencias en formas que se externan, en movimientos que emocionan, en una íntima relación de cuerpo y espíritu.

El espectáculo íntimo logra esa relación en cada pieza, y la belleza del movimiento expuesto es el “élan vital”.

Tras la penumbra de la sala, los convocantes, los bailarines, van apareciendo, sus rostros expresivos van al encuentro de un “algo”. Luego aparece un ente, inicia el ritual. “Yo creo” es una búsqueda, hermosa creación de Roberto López interpretada con gran expresividad por Wander Sánchez.
La música de ‘Coldplay’ cargada de energía positiva, inspira a Carlos Veitía para su bella pieza “Viva la vida”, en la que cuatro magníficos bailarines: Patricia de León, Lya Gómez, Luis Pérez y Sander Robert, en clave de ballet moderno, transmiten la alegría de vivir. “Sólo el tiempo” es un corto coreográfico, una interrogante que se hace Veitía ¿hacia dónde va el camino?, solo el tiempo… la juventud se pierde.

La belleza de los movimientos, ejecutados por Yeri Peguero y su capacidad interpretativa, su transformación –alegoría del paso del tiempo– así como la emotiva música de Enya, hacen de este ballet un momento entrañable.
En un cambio de atmósfera, Carlos Veitía presenta “Rituales en rojo” con música de Miguel Bosé. Los bailarines, portando grandes abanicos, desarrollan una danza llena de brío. Luis Pérez, Sander Robert, Stevens Heredia, Wander Sánchez y Jeffrey Aybar, lucieron magníficos.

“Bajo el signo de Caín”, es un paso a dos de carácter existencial “La cotidianidad del hombre y su evolución de vida”. Veitía transmite ese estado con movimientos verdaderamente creativos, expresados en su justa dimensión espacial por Jeffrey Aybar y Stevens Heredia.
Isadora Bruno, una de nuestras más creativas hacedoras de danza, presentó –partiendo del expresionismo–, su pieza “Yo aprendí”, con música de Danay Suárez –nada es lo que parece–. Yeri Peguero y Cindy Sosa desarrollan una danza pletórica de belleza, que sí es.
La música de nuestros compositores da el toque de dominicanidad al espectáculo. Isadora, con gran sentido del ritmo, crea un dueto hermoso “Si tú no bailas conmigo” de Juan Luis Guerra, interpretado con gran salero por Lya Gómez y Luis Pérez.

La voz de Maridalia Hernández inunda la sala, canta “Quien no sabe de amor” de Manuel Jiménez, e Isadora se inspira, presenta una pareja enamorada –Patricia de León y Sander Robert– que armoniosamente desarrolla su danza, y sí sabe de amor.

Con un aire más bucólico el “Dulcito e coco” de Vicente García propicia un ensamble atractivo de tres parejas: Yeri Peguero y Wander Sánchez, Cindy Sosa y Luis Pérez y Lya Gómez y Roberto López. El ritmo caribeño propicia una danza eminentemente rítmica, con figuras surgidas de la creatividad de Isadora Bruno, pletóricas de belleza y armonía.
Un nuevo talento coreográfico, Alicia Campillo, aporta con un “solo” a cargo de la exquisita bailarina Patricia de León. “Soñar contigo” es una propuesta creativa, inspirada en la fusión de ritmos de la música de Zenet,
Uno de los momentos más interesantes del espectáculo fue protagonizado por Sander Robert, quien, interpretando su propia danza “Ausencia presente” construye un poema danzado en el que asoma su mundo interior cargado de desesperanza y soledad por el amor que se ha ido hacia nuevas transparencias.

La maleabilidad de su cuerpo esculpe en el espacio cada movimiento impregnado de emoción; cuerpo y alma se funden y fluye la danza. El potencial dramático de Sander Robert es formidable, elemento que se suma a la calidad de su danza y a su creatividad. La música de Diego El Cigala sirvió como marco inspirador en la pieza.
En una apoteosis final, los participantes se unen en un canto de esperanza, Carlos Veitía, con sus “Soldados de luz” deja una estela vibrante. El público, emocionado tras cada pieza, produce un caluroso aplauso.
Termina el espectáculo de danza, solo danza para deleite de la audiencia.