El amargo Almagro

Se repiten prácticas odiosas que cuestionan los supuestos avances en la conducta humana, son sólo, hablando en lenguaje de limpiabotas, un paño con pasta.
A un pobre diablo que ocupa la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), se le ocurre, como si fuera una solución inteligente,una intervención militar contra Venezuela.
El amargo Almagro no está lejos de la práctica continuada de naciones como Estados Unidos, que interviene en no sé cuántos países. Esa acción se estila desde antes de que se pusiera de moda en América, aquello de “O tu porta bien, o yo portavión”.
Los esfuerzos para contener la fuerza desatada de los países más fuertes contra los más débiles vienen de lejos y las motivaciones son las mismas: territorio, riquezas, posición geográfica…
Hay una modalidad del uso de la fuerza que se practica cuando le conviene al que “portavión”, aunque esa posición permite ver el refajo de quien la ejerce: el eufemismo de que se invaden, de que se intervienen países, para “salvar vidas” y “restablecer la democracia”.
Hay distintos pasos en la escalada que culmina con una intervención militar: condena en un foro internacional con llamada de advertencia sobre la conducta del país objeto de la reconvención; sanciones económicas, cierre de las llaves del financiamiento multilateral; labor de zapa para socavar la situación interna del país objeto de las sanciones; uso masivo y continuado de los medios de comunicación, mediante la difusión de situaciones inexistentes, medias verdades, y falsedades de toda índole.
El paso superior es crear fuerzas nacionales, militares, civiles, empresariales, sindicales, populares y eclesiásticas que, desde dentro, produzcan el cambio hacia un gobierno que respete, de verdad, la institucionalidad y los derechos.
Mi amigo Daniel Toribio tiene un cuento muy bueno, un chistoso análisis de la palabra, depende.
Por supuesto, todo depende, depende de si se trata de un “cultor de la democracia” que ahoga las libertades públicas, que impide la libertad de expresión, que usa la prisión política con respaldo de un Poder Judicial cómplice y complaciente, que respeta la inversión extranjera y entrega las riquezas nacionales a explotadores capitalistas foráneos, en ese caso, ese gobierno merece el respeto de, como se decía antes, “el concierto de las naciones libres”.
En lo que se refiere a la soberanía nacional y el respeto al suelo patrio, todos lo que amamos nuestra Patria somos quisquillosos.
La solución de los problemas nacionales debe ser fruto de la acción de sus nacionales.
Esa amenaza recrudece la conducta totalitaria del régimen.
¿Es la solución de la terrible situación de Venezuela la intervención militar? ¿Responderán los fanáticos chavistas como Noriega, que se plumeó al primer cañonazo?
Creo que Almagro no sabe lo qué es una guerra civil. ¡Peligroso eso!