El busto de Duarte y el valor del símbolo

La década perdida fue el nombre que se le dio en América Latina a los años 80, por las grandes devaluaciones de la moneda en la región, por la gran inflación que trajo consigo y por la desesperanza que sentíamos los asalariados que veíamos mermar nuestro poder de adquisitivo ante los altos precios y los bajos ingresos.
Nuestro país sufrió igual que los demás la catástrofe que implicó todo el proceso, que se produjo además por los ajustes impuestos por el Fondo Monetario Internacional para garantizar el retorno de sus empréstitos restándole valor a las monedas nacionales frente al “poderoso” dólar norteamericano.
Fue tal la situación que en el 1984 de produjo una gran poblada, porque la población fue sorprendida con incrementos de precios nunca vistos en los artículos de primera necesidad. Esa poblada causó muertos, presos y heridos, significando una mancha grave en los gobiernos del PRD, los que justamente abrieron los espacios a las libertades públicas, que habían sido negadas por el régimen de los 12 años del presidente Joaquín Balaguer.
Nuestro dinero cayó de ser a la par con el dólar, a venderse a tres por uno y más tarde siguió hasta llegar a donde estamos, casi al 50 por uno, pero seguimos viviendo, porque a pesar de todo, el país crece de manera sostenida, la inflación ha estado controlada, y el nivel de ingresos también ha crecido, aunque el mismo no alcance a cubrir el costo de la canasta familiar básica.
La magnitud de la crisis en América Latina el Caribe por la deuda externa provocó que el presidente Fidel Castro, de Cuba, la calificara de obscena e impagable, ya que las exigencias del FMI implicaban muchos sacrificios para los pobres de los países endeudados.
¿Qué tiene que ver todo esto con el busto del padre fundador de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte? Que el peso dominicano, nuestro símbolo monetario tenía la imagen de Duarte en el centro, esa foto de Duarte con su cabello ladeado, como un niño bueno o la de la pintura con un porte que reflejaba la dignidad de que estaba revestido, era de uso popular.
Cuando comenzó la devaluación, un chofer de carro público nos dijo a un grupo, “miren ese peso, Duarte estaba antes en el centro, ahora en un lado, de momento lo sacan y no tendremos pesos ni Duarte”.
El peso dominicano cambió, de ser un “Duarte”, en un billete verde, a una moneda que tiene perfectamente el Duarte símbolo que conocemos como el fundador de la Trinitaria, al padre de la Patria, innegable su figura tallada.
El peso actual tiene más o menos el valor de un centavo de hace 40 años, no se compraba nada con un chele y ahora nada cuesta un peso, pero eso no significa que cambiemos la imagen del símbolo de nuestra nacionalidad, porque el Duarte de la plaza de la bandera no es el que nos han enseñado en la escuela, que aparece en nuestro dinero y como los símbolos son perenne, y para que la figura sea respetada con el rigor que merece y no haya confusión, deben colocar en el lugar al verdadero retrato de Duarte, el mismo que está en la moneda.
Duarte nos dio la nacionalidad, que es lo que nos distingue en la aldea global y aunque todavía perviven algunos de sus enemigos, debemos aferrarnos a lo que es de algún modo nuestra fortaleza como nación, los símbolos.
No debe ser desfigurada su imagen y menos permitir el irrespeto al que ha sido sometido, hasta con ojos chinos.