El cambio deseado

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En ocasión de los 100 años de la Revolución Socialista de Octubre, el Instituto de Historia de la UASD, con el respaldo del Archivo General de la Nación, puso en circulación el No. 15 de su Revista “Ecos” contando con la colaboración de prestigiosos autores que aportaron enjundiosos estudios científicos, investigativos y analíticos que destacan la importancia y trascendencia de esa grandiosa epopeya histórica a favor del proletariado, caracterizada por su dimensión profundamente humanista, rescatando y redimensionando los postulados de la Revolución Francesa de 1789: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”.
El posterior derrumbe de esa filosofía y de las causas diversas, internas y externas, que lo provocaron: cultural, económica, política también son analizadas con pulcritud intelectual y científica por los esclarecidos colaboradores escogidos, hombres y mujeres de ciencia que no renuncian, ante la adversidad, al ideal de justicia, de equidad, de bienestar general encarnado en el pensamiento filosófico y científico de Marx, Engels, Lenin, Rosa de Luxemburgo del materialismo histórico, y de tantos líderes, escritores y filósofos famosos que abrazaron ese ideal identificados con la causa y los fines de la Revolución de Octubre que inultamente otras fuerzas antidemocráticas y antirrevolucionarias, pretenden desconocer sus logros y conquistas, aferradas a intereses individualistas y mezquinos, como destaca Fidel Castro en un documento del Movimiento 26 de Julio que destaca el historiador cubano Eliades Acosta Matos y que me permito reproducir: “ La filosofía de la revolución descansa sobre la premisa fundamental de que nadie puede ser feliz sin amoldar su conducta al interés colectivo…El individualismo quiere, en tanto, mantener lo que posee. Es fuerza conservadora. La raíz histórica del conservadurismo está en la idea de que las cosas no cambian (o no deben ser cambiadas) por tanto la revolución no tiene sentido. La actitud revolucionaria está en su confianza en el destino humano y en la acción del hombre para trasformar y superar la realidad”.
El cambio deseado no se vislumbra. Cada día se siente más lejos, más distante. Las fichas del ajedrez político dominicano no se mueven en dirección deseada. Su estrategia, su táctica y filosofía apuntan al polo opuesto. No auguran nada nuevo; y si en algo se asemejan es su praxis: más de lo mismo, con ligeras variantes que no trascienden el entorno, ahora en pugna por primarias abiertas o cerradas como algo trascendental que posterga la ley de partidos y profundiza el mal institucional de la democracia que padecemos.
No hay dudas de que hemos avanzado. Superamos la desgracia de la cruel dictadura del Generalísimo Trujillo, “El Chacal del Caribe”, con pretensiones de ser revalidado por un nieto desvergonzadamente orgulloso de su estirpe y sus voceros; también el oprobioso régimen de los 12 años del Dr. Balaguer, despótico, corrupto, que hizo fondo con su proclama: “La corrupción se detiene en la puerta de mi despacho” siendo superada, en mayores proporciones, ahora más que nunca, sin necesidad de actos criminales y persecución política.
Los tiempos cambian. Pero ¿qué tanto es lo cambiado? ¡Loor a la Revolución de Octubre!


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