El camino por caminar

La situación en que se encuentra el PRD, cada vez más disminuido a fuerza de golpes de la alta dirección del PLD y por la incapacidad de la del primero, el lanzamiento de Reynaldo Pared como candidato presidencial para el 2016, con todos los indicadores de ser el preferido de la facción del presidente Medina; el claro declive de la estrella de Leonel Fernández y el lanzamiento de la propuesta de Convergencia Política, y/o de una Mesa de Diálogo de parte de diversos agrupamientos políticos, por el momento, despuntan como los principales ejes del ajedrez político dominicano.

El desenlace del recién finalizado Congreso del PLD, en el cual el presidente Medina movió sus fichas con resonante éxito permite pensar que el momento escogido por Pared para oficializar el lanzamiento de su candidatura no fue una casualidad. Fue preparada, concertada y sostenida por un nutrido y bastante representativo grupo de seguidores que son piezas claves de la facción de Medina y muy cercanos a éste. Naturalmente, eso no quiere decir que ya es el ungido definitivo del jefe del Ejecutivo, pero sí podría ser una señal de que Leonel la tendrá muy difícil al momento de negociar su eventual repostulación, si así se lo plantease.

Nada está decidido en ese sentido, pero sí constituye un indicador de por dónde estaría discurriendo el tema de la candidatura presidencial del PLD, que es la principal tarea de la dirección de ese partido de cara a su permanencia en el poder en los próximos seis años. Una tarea no tan difícil, dada la correlación de fuerzas que se ha ido configurando en ese partido y el estado en que se encuentran las fuerzas opositoras.

Estas, se encuentran en una situación de preocupante dispersión, con las siglas y símbolos del partido más votado en las últimas elecciones secuestradas por la corporación económico/política que nos gobierna, con los erráticos mensajes de la mayoría del aludido partido y sobre cómo superar la dispersión y crisis en que está sumergida.

Para superar la circunstancia, es imprescindible la construcción de una mayoría política, a través de una convergencia de fuerzas, con capacidad de derrotar un poder sin contra-poderes que impidan sus desmanes, articulado como una corporación político/económica con intención de sustituir la clase empresarial tradicional.

Pero, para caminar el camino de la convergencia debe evitare el peor de los caminos: el de la divergencia, porque ése no conduce a ningún puerto. No se puede crear un clima de transparencia y confianza ni de sentirse par en la diversidad, si desde ya algún convergente se considera el candidato de esa convergencia obviando el principio ya escrito de que toda candidatura surgirá de una metodología de consenso para tal fin.

Tampoco, si entramos en la competencia de diferentes agregaciones o espacios opositores creados para potenciar grupos particulares, sin trascender la mera agregación de siglas o de personalidades mediante la incorporación de diversos sectores productivos, sociales organizados o no en sus espacios y sin la fuerza (basada en su unidad) de los grupos convergentes minoritarios para impedir el hegemonismo del o de los mayoritarios. Superados estos obstáculos podría caminarse otro camino: el del éxito.

 


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