El CEA como botín de los políticos

El Gobierno ha creído que con el cambio del director ejecutivo del CEA se va a proteger de la avalancha de inmundicias que le están cayendo por la corrupción descarada que existe en el CEA, ahora inmobiliario. La maquinaria de la corrupción y el asalto que se le hizo a sus propiedades se aceleró cuando casi todos los ingenios fueron clausurados. Fue una hábil y bien pensada maniobra para la supuesta privatización impulsada por los ideólogos peledeístas a partir de 1996.
Por eso, después de los dos muertos del 14 de febrero en San Pedro de Macorís, se debió emprender una cirugía profunda para extirpar todas las bellaquerías cometidas. Es que con las propiedades del CEA se ha producido un vandalismo llevado a cabo por los políticos, militares, funcionarios del organismo, dirigentes comunitarios, iglesias cristianas, clubes de servicios, escuelas y todo el que se antojara de poseer un pedazo de tierra que no le costó nada.
Cuando hay muertos en torno a los escándalos de organismos oficiales es que el Gobierno peledeísta actúa con más rigor para consumo mediático y buscando disolver, como una pastilla efervescente, el escándalo.
En febrero del 2016 el Gobierno debió prestarle atención al informe de auditoría de la Cámara de Cuentas que llevó a cabo en el Consejo Estatal del Azúcar. Esta fue una auditoría especial solo para el período del 1 de enero del 2012 al 31 de marzo del 2014. Si el Gobierno hubiese tomado acción de inmediato no hubiese ocurrido la lamentable tragedia de San Pedro de Macorís con la muerte de dos hombres de la radio.
Y era que el Gobierno debió iniciar una acción de limpieza de inmediato. La auditoría apenas abarcaba un corto período de las administraciones del CEA. Apenas servía para señalar una punta del iceberg del antro de corrupción que existe en el CEA desde su fundación en 1966. Y agravada a partir de 1996 cuando se procedió a desmantelar las empresas heredadas de Trujillo.
El informe de auditoría de la Cámara de Cuentas plantea todo un entramado de acciones dolosas llevada a cabo con total desparpajo. Los protagonistas no preveían acciones legales, ya que era a nombre del partido de Gobierno. Además era un monto irrisorio comparado con otras indelicadezas como las protagonizadas por la Odebrecht y sus políticos cómplices locales. De seguro en el CEA los ejecutivos no esperaban investigaciones más allá de la auditoría para determinar el destino de los casi RD$130 millones desfalcados.
Un año después de que la Cámara de Cuentas presentara ese informe de auditoría ocurrió la tragedia macorisana. Dos hombres valiosos de la radio petromacorisana fueron asesinados el día de San Valentín por un airado adquiriente desfalcado en la adquisición de terrenos del CEA que luego se suicidó.
Desde 1996 se inició la etapa de la capitalización y privatización. Era para entregarle al sector privado la riqueza nacional a nombre de modernizar todo el aparato productivo que todavía estaba calcado y protegido a la imagen y semejanza de lo que se estilaba en la Era de Trujillo. Se inició el descuartizamiento de las tierras del CEA con sus 3,5 millones de tareas altamente codiciadas por sus ubicaciones privilegiadas diseminada en la geografía nacional, mayormente en su parte central. Tal es el caso de las tierras a todo lo largo de la avenida de Circunvalación desde la 6 de Noviembre hasta la carretera de Villa Mella a Yamasá.
Los días de gloria del CEA había quedado muy atrás en 1996 cuando se inició el desmembramiento. Sus días de gloria habían transcurrido durante la década de 1970 con la administración del doctor Balaguer cuando sus ingenios y unidos a los privados del Central Romana y del grupo Vicini alcanzaron una producción de más de un millón de toneladas de azúcar como nunca antes, y nunca después, en la historia azucarera nacional. Los ingenios del CEA produjeron unas 700 mil toneladas. Fue un gran esfuerzo de la administración de entonces y contando con el apoyo gubernamental decidido a elevar al tope la industria azucarera para que retornara a sus tiempos de esplendor de la década de 1950. Era que en esos tiempos el azúcar era la espina dorsal de la economía, cuando el turismo tan solo era un sueño de Angel Miolán.
La voracidad de los individuos pululando en torno a los bienes del CEA profundizaron sus destrozos al patrimonio. Y en el siglo XXI convirtieron al CEA en una inmobiliaria como una vergüenza para todos los que creyeron en una producción azucarera estatal. Y eso es lo que queda para terminar segregando los terrenos y conduciéndolos por los recovecos de las titulaciones y mensuras catastrales amañadas para santificar la paternidad de esas propiedades estatales.


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