El cemento

Eusebio Rivera Almodóvar

El horrendo asesinato del abogado Yuniol Ramírez Ferreras, pudo haber sido planificado para intimidar o aleccionar, pero tenía una meta única: Aterrorizar.
Los abogados, sobre todo los que se unen a grupos sociales de protestas o denuncias, son pasibles de agresiones o retaliaciones que no saben han engendrado al ganar un caso o herir susceptibilidades con declaraciones como las que fueron hechas por el occiso en televisión, poco antes de su muerte y reproducidas en las redes sociales después de su asesinato.
La foto publicada en la prensa lo muestra amarrado a un block evidenciando el interés de sus asesinos de que quedara sepultado para siempre al lanzarlo a un río o cañada, sin embargo a esos “trabajadores del horror” aparentemente les falló el propósito porque el cadáver flotó a pesar del block, a menos que también fuera calculado el período de hundimiento y posterior flotación para que fuera más macabra la advertencia para los que se atrevan a desafiar los llamados poderes fácticos denunciando actos de corrupción de funcionarios, legisladores y gobernantes que, como nos muestra la historia, no tienen reparos en ordenar directa o indirectamente la “desaparición” de alguien, torturado o no, asesinado con saña, con o sin un block amarrado.
El domingo 15 de octubre en curso, el Ministerio Público juntamente con la Policía Nacional dio un informe preliminar sobre el asesinato, que implicaba al director de la Oficina Metropolitana de Transporte. Sin desestimar la veracidad de esos datos, me permito recordar que el cemento, materia prima de los blocks y palabra primitiva de “cementerio”, puede sepultar forzadamente, como en este caso, nombres y hombres, pero convierte en indestructibles sus principios e ideales.


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